EL ARCO DE ODISEO, Rip, por Marcos Muelas





Londres, 1941

“Trabajábamos a contra reloj, sucios y cansados, echando a un lado los escombros, intentando desesperadamente abrirnos paso.

Rip y yo estábamos solos, no había tiempo para esperar al resto del Escuadrón y realizar nuestra labor. Éramos conscientes de que cada segundo perdido podía significar una vida. 

Pero tampoco podíamos precipitarnos, ya que un mal movimiento podría significar un nuevo derrumbe.

 En algún momento, durante el último bombardeo, habíamos tenido que salir corriendo dejando atrás nuestras palas y el equipo básico de trabajo. Ahora, nuestras manos desnudas eran la única herramienta. Algunas de las piedras y los escombros que tocábamos, aun emitían calor a causa de las explosiones recientes.

Así, a los numerosos cortes de mis manos añadí también quemaduras. 

Pero ninguno de los voluntarios se quejó. Quizá fuese por solidaridad o tal vez porque necesitaban hacer algo útil para espantar el terror.

Tampoco es que fueran voluntarios reales, los había reclutado improvisadamente después de que Rip avisara de las víctimas atrapadas.

Se trataba de tres ciudadanos corrientes que el destino había hecho que no llegarán a tiempo al refugio. Permanecieron escondidos en el portal de un edificio buscando su protección hasta que pasó el bombardeo. Desorientados, fueron incapaces de negarse a mi petición para ayudar a excarcelar supervivientes entre las ruinas de un edificio.

Guiados por mí y ayudados por unos maderos, hicieron palanca para apartar una pesada viga aún humeante

 Apenas hubo el espacio suficiente, el viejo Rip se adentró en él ignorando el peligro y las órdenes que le di para que se detuviera. Inspeccioné el laberinto formado por ladrillos y restos de muebles aplastados.

El camino se alejaba mucho de ser seguro. Pero no podía dejar colgado a mi compañero.

Estudie a los civiles, demasiado débiles para hacer mucho más. Les anuncié mis intenciones y les rogué para que fueran a buscar ayuda.

Ellos me devolvieron silencio y miradas vacías. ¿A quién iban a avisar? Toda la ciudad estaba patas arriba, intentando recuperarse del reciente bombardeo. Ni siquiera yo mismo sabía dónde estaba el resto de mis compañeros del Escuadrón de Defensa Civil. 

Nuestra labor era ayudar a las victimas atrapadas entre todos aquellos escombros. Y ahora, Rip y yo estábamos irremediablemente solos.

Suspiré y, sin pensarlo, ya me estaba aventurando por el angosto espacio tras mi compañero.

No sabría decir cuanto tiempo estuve arrastrándome entre los afilados cascotes. Pensé en la locura de la situación.  ¿Como era posible que hubiera algún superviviente en ese infierno? Pero el instinto de Rip decía que había alguien con vida ahí atrapado y yo confiaba ciegamente en él.

Me encontré con algunos pequeños incendios y el humo hizo que mis ojos se llenarán de lágrimas.  Llamé a Rip y le escuché responderme a lo lejos.  

En un momento dado me golpeé la cabeza con algo metálico.  Y al encender una cerilla, me encontré con el horror cara a cara.

El enorme cilindro que formaba la bomba me hizo lanzar un grito de terror.

Era muy común que algunas de las bombas no explotaran al caer. Algunas fallaban, otras estaban preparadas para detonarse más tarde, con la intención de acabar con nosotros mientras tratábamos de rescatar a los nuestros.

 Aterrorizado, me alejé a rastras todo lo que me fue posible. El lugar era mucho más peligroso aún. Tenía que sacar a Rip de ahí lo antes posible.

Rip comenzó a llamarme con fuerza y en la casi total oscuridad, me arrastre hasta él. Cuando llegué hasta allí, me quedé muy impactado por la escena. Rip me miraba con aquellos ojos negros. Estaba junto a dos cuerpos. Una madre sin vida abrazaba un pequeño cuerpo. 

Rip los observaba en silencio, con su solemnidad habitual.  Iba a pedirle que nos marcháramos cuando el bulto que abrazaba la madre se movió. El niño, de apenas dos años, comenzó a llorar asustado. Lo arrebaté de los brazos de su madre y tras examinarlo, descubrí que parecía ileso.

En ese momento notamos los temblores y los sonidos amortiguados de nuevas explosiones. Los bombardeos se habían reanudado.

Con el niño contra mi pecho, me arrastre en busca de la salida mientras tras de mí escuchaba la respiración acelerada de Rip.

Divisé la luz que me guiaba para encontrar el final del angosto túnel. El niño lloraba, pero el atronador ruido no me dejaba escucharlo. Con último esfuerzo logré salir a la superficie. 

Para mi sorpresa, los voluntarios me esperaban para prestarme ayuda poniendo en riesgo su propia vida. Uno de ellos me quitó al niño de entre mis brazos y corrió al portal más próximo para ponerlo a salvo.

Me giré para ayudar a Rip justo para ver como la entrada al túnel se derrumbada.

Las bombas caían por todas partes y el resto de voluntarios trataba de arrastrarme a un lugar seguro. Me zafé de ellos y comencé a retirar rocas para reabrir el túnel.

Grité el nombre de Rip hasta quedarme afónico mientras escarbaba como un loco. 

Tras lo que me pareció una eternidad, di con mi compañero.

Su pelo se había quedado blanco a causa del polvo pero no tenía heridas visibles y su mirada estaba cargada de gratitud.

Di gracias a Dios mientras lo llevaba hasta un lugar seguro junto a los voluntarios. Nos felicitaron y nos dieron agua. A pesar del cansancio, lo agradecimos.

Tras un breve descanso acaricié la cabeza de mi compañero Rip y le animé a continuar.

El bombardeo había terminado, pero nuestro trabajo de rescate apenas había comenzado.

“Vamos, Rip, tenemos trabajo”, le pedí y el ladró contentó mientras movía la cola.

Estábamos cansados, pero aun así, esa noche el viejo Rip encontró a tres supervivientes más que rescatar.”

Rip fue descubierto solo y hambriento, deambulando por la desolada Londres durante la Segunda Guerra Mundial. El Departamento de Defensa Civil, encargado de rescatar a las victimas de los derrumbes, lo adoptó como mascota. Para sorpresa de todos, el can demostró una gran habilidad para detectar supervivientes sepultados, aun sin ser adiestrado. Se estima que ayudó a salvar a más de cien personas durante su periodo de servicio.

Al terminar la guerra fue condecorado y actualmente descansa en el cementerio PDSA, junto a otros héroes de esta guerra.





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