RELATOS DE UNA MOSCA. De palabras, espías y WhatsApp, por Pedro H. Martínez
Ya está planteado el dilema: las palabras las carga el diablo, y nunca son casuales. Si eres una mosca, la cosa atenta, además, la integridad. Si, somos conscientes que somos molestas, y hasta cojoneras, y somos conscientes que se nos menosprecia hasta en dichos, refranes o adagios huertanos: “la mosca, en la paella, no le quita el gusta al arroz, pero afea”. Afear, más fea es la situación en el país y no decimos nada, más fea es la situación en Europa y el mundo y aquí seguimos calladas. Incluso, se les anima a nuestro exterminio, en droguerías y supermercados, ningún ser viviente ha sufrido un acoso tal, un spray tiene por nombre, fijénse, “MATAMOSCAS…” al que se le añade “… Y MOSQUITOS”. Ya en el nombre del spray o de los utensilios para darnos caza, ya denotan su inquina hacia nosotras, y eso que solo molestamos, pero nada más. Ni picamos, ni hacemos ruido, no. “Matamoscas”, ¿cómo se pueden ser civilizados si ya están llamando al asesinato vil de seres indefensos que pululan ...