LOS POETAS INMUNDOS. III Aguas sonámbulas, por Vicente Llamas
Ni las aguas ni los monstruos tienen edad. Nunca fueron niños los monstruos, ni las aguas fueron crisálida. Su infancia es la estación opaca de los ídolos. Nacieron mezclados con el frío de la piedra y el llanto de los hombres, ocultos en el germen de su vanidad, su miedo o su soberbia, escondidos en oscuras oraciones, en pasiones inconfesadas u obstruidas por algo más sórdido que la pureza mitigada del horror. Adán vio quebrarse sobre las aguas primordiales una rama del árbol de la ciencia, y vio después al reflejo del hijo alzarla contra el pastor. Vio Caín hundirse en la región del destierro la imagen de su crimen, arrastrada por las primeras aguas que descendían hacia el este para ser espejo constante de su estirpe. Y de las aguas primordiales brotaron los espejos, pavorosas criaturas insomnes cuya existencia se basa en los reflejos. Nunca enmudecen, susurran sin cesar vejez, ángulos del salón con arpas olvidadas, vientres que vertieron su fruto para que ya sólo los días anidaran e...