Nació en La Unión, entre Cabo de Palos y Cartagena. Se formó en el Seminario Diocesano de San Fulgencio, en Murcia, donde aprendió a medir versos, y lo mejor de la letras clásicas y españolas. Un día, al volver a su pueblo, se enrola en un circo que allí anclaba, y, ya para siempre, vivió en, con, para y sobre la farándula. Enseguida se convirtió en letrista. Y todas España cantó sus letras: Mi jaca, La bien pagá, La Falsa monea, Échale guindas al pavo o Los piconeros… Ahí es ná. Sus canciones eran entonadas en el bando nacional y en el republicano, por igual. Pasó la guerra en Cartagena, donde alimentaba de verso cantado a la gente. Como era de esperar, al acabar la guerra sufre cinco años de cárcel. Sale en el 44, y vuelve, ya volcado en el cine, a nutrir a los españoles de esa verdad popular que llevan los versos de las coplas. Fue, en los 50 y los 60, el autor que más ganaba con los derechos de emisión o actuación de su obra. Era el rey de los discos dedicad...