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SUMARIO DEL 31 DE MAYO DE 2026

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  Los dulcineos os saludan desde el montón de ruinas veraniegas que se están formando irremediablemente. Para consolaros de tanta combustión hemos venido en vuestra ayuda con poemas de Concha Lavella, viajes al país donde nace el sol con Marcos Muelas, nos volvemos barojianos con Santiago Delgado, descubrimos que el amor es más fuerte que el fascismo con Rafel Hortal, Charo Guarino lo corroborará y añadirá sin duda que el amor de una madre es, incluso, el más poderosos de todos, contamos cuentos y los volvemos a contar con Pedro H. Martínez, nos adentramos en la selva del conocimiento con Vicente Llamas y amamos la música de Turina con Gabriel Lauret.  Huid del verano, leed mucho y disfrutad de la vida y de la literatura.

LOS SONIDOS Y EL TIEMPO, Un paseo por los Campos Elíseos, por Gabriel Lauret

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El 3 de octubre de 1907 debía ser una fecha importante para Joaquín Turina, aunque él no podía imaginar hasta qué punto. Su Quinteto en sol menor , premiado en el concurso del Salón de Otoño de París y que él mismo había estrenado junto al Cuarteto Parent, iba a ser nuevamente interpretado en el Grand Palais por la misma agrupación. Lo que no sabía es que un señor gordo, de barba negra y sombrero de ala ancha, acompañado por otro, delgadito y con bigote, frente muy despejada y sombrero bombín, iba a entrar justo momentos antes de la actuación. El señor gordo, al poco de comenzar la interpretación, preguntó si el compositor era inglés, y mostró su sorpresa al saber que era sevillano.   Efectivamente, Joaquín Turina había nacido en Sevilla en 1882 y su padre, pintor de ascendencia italiana, le animó a continuar la carrera de músico, a pesar de que había iniciado la de medicina. Considerado un prodigio desde niño, aprendió piano con Enrique Rodríguez, aunque fue Evaristo García Torres...

CRONOPIOS. Homofobia en el siglo XXI, por Rafael Hortal.

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Gracias a la transmisión oral, conocemos historias que han recogido la literatura y el cine para llevarlas a un público mayoritario. En esta ocasión me ceñiré a historias de amor entre dos mujeres. Desde Safo (Isla de Lesbos 630 a.C.) hasta nuestros días, hemos conocido en todo el mundo idilios entre mujeres. En España, un caso juzgado por la Inquisición, fue el de la pareja entre Elena de Céspedes, que vivió toda su vida como hombre (Eleno) y María del Caño; vivían en Alhama de Granada en 1586. En la Coruña, Marcela Gracia y Elisa Sánchez se casaron legalmente por la iglesia católica el 8 de junio de 1901, porque Elisa vestía como un hombre y engañaron al párroco de la iglesia de San Jorge. Cuando se descubrió su historia se desató un escándalo nacional, huyeron a Argentina. Su matrimonio nunca fue anulado por la Iglesia. La escritora Violette Leduc, ya mayor, publicó una parte de su biografía lésbica sobre su amor en un internado francés, la novela se llama “Thérese e Isabelle”. Otra...

EL ARCO DE ODISEO, Otra vez en Japón XVIII, por Marcos Muelas

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Los días volaban con una rapidez que mareaba sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Las increíbles experiencias, que rozaban lo imposible, caían dentro del baúl que llamo mente a tal velocidad que casi no podía apreciarla. Y es ahora, un año después, cuando recopilo estos momentos para tratar de no olvidarlos. Y no es que sean fáciles de olvidar, pero la abrumadora sobrecarga de experiencias, la falta de sueño y la tensión física que sufríamos cada día, impedían que pudiera valorar lo vivido.      Pues bien, ahora tocaba el momento de ver la Estatua de la Libertad. Sí, ha leído usted bien. No es que fuéramos a cambiar de continente y ni mucho menos llegar hasta Liberty Island. Aquel día íbamos a ver la otra Estatua de la Libertad.     Acababa de presenciar un increíble espectáculo de Sumo, y sin tiempo para asimilarlo, ya estábamos a la carrera para la siguiente actividad.  El último trecho lo realizamos en el monorraíl sobre el ...

CLASE DE LENGUA Y LITERATURA. No busques a Baroja en Cestona, viajero, por Santiago Delgado.

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En el balneario, digo. Estuvo muy poco tiempo, y más poco aún estuvo su espíritu en el balneario del río Urola. Además, salió de mala manera. Ni una foto suya, en un largo pasillo de fotos centenarias. Dicen que le dieron la plaza por saber vascuence. Y se aburría escuchando a reumáticas, artríticos o lumbálgicos como yo, en el vetusto balneario de Cestona. Vetusto hoy, y vetusto también cuando lo hicieron, sin ninguna perspectiva de durabilidad. Se peleó con todos, Baroja, incluidos el alcalde del pueblo y el párroco, que argüía que, si no iba a misa, mal médico era. Otrosí, los domingos a las doce, la hora sacrosanta de la misa, se ponía a trabajar el huerto el muy laico y carbonario; sospecho que únicamente por xoder al cura. Muy posiblemente fuera este clérigo el primero que lo llamó Don Impío Baroja, muy ingenioso el ensotanado.  Baroja acudió al termal establecimiento tras leer su tesis, que trataba de los recovecos psicofísicos del dolor. Buen tema ara inventar prosa, y ...

CUENTOS PARA LEER DOS VECES, El club de la amapola, por Pedro H. Martínez, primera parte.

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Yo lo tengo claro, soy más una maniática. Lo reconozco. No soporto mi nariz, ni mis labios, ni mis brazos, ni mi mandíbula, ni mi pecho, ni mi abdomen… Podría seguir, pero, ¿para qué?, ¿para amargarme? No. Es con lo que me toca vivir, y por eso, me he operado. Ya verás. Hoy, como siempre, habrá alguien que se meta conmigo. “Que guapa estás María, estás cada día más espectacular”, lo primero que me dirá el carnicero de la plaza. Dice que se enciende al verme, que soy su electricidad. Calambres es lo que debería darle al verme. Lo hace porque quiere que le compre la panceta, el lomo adobado, la morcilla, la chistorra y la pechuga de pollo. “Chistorra y pechuga”, en la misma frase, me gustan. Hay que saber comprar. Es muy importante. La cabeza la tengo bien amueblada, y si la pierdo es porque quiero y dónde quiero. La comida es esencial para que una tenga esas fuerzas que necesita para sobrevivir en esta selva en la que se ha convertido la sociedad. No puedo con los supermercados, compras...

PUNTO DE FUGA. Mai diguis mai més, por Charo Guarino

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Cuando uno tiene una herida, pareciera que todos los golpes van a parar al mismo sitio, como si el lugar en cuestión tuviese una fuerza magnética para atraer el daño y aumentar el dolor, retrasando o hasta impidiendo la curación.   Por otra parte, en muchas ocasiones vivimos situaciones sin reparar en que tal vez sea la última vez (el último abrazo, la última clase, la última vez que veremos a una persona o hablaremos con ella...), o, por el contrario, apuramos los instantes que darán paso a un estado distinto, absolutamente conscientes de que el cambio que ha de llegar se aproxima a pasos agigantados y habrá de darnos el zarpazo, no por esperado menos temido, de un momento a otro, independientemente de que ese cambio sea o no bueno, o, en su caso, del grado de bondad que pueda tener. Resistirse no hace sino aumentar la inquietud y la zozobra, impidiéndonos fluir, "ser agua", como aconsejaba Bruce Lee con esa sabiduría ancestral que también habita en las artes marciales y que...

Crónicas de la disidencia V. Los versos más tristes, por Vicente Llamas

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La ira de las brujas… Un venenoso rumor se extiende por la comunidad: alucinaciones, señales flotantes, resentimientos, celos desafiando los valores puritanos. La histeria colectiva arrastra a Sarah Good a la celda de Ipswich. Allí alumbraría a una niña que murió de desnutrición antes de que la madre fuera ahorcada. Sucios reverendos desfigurando la verdad a los que un dios deforme daba sangre para beber, médicos ineptos encubriendo su incompetencia bajo la aflicción sobrenatural de una “mano malvada”. El fanatismo religioso sacudió la bahía de Massachusetts en el período colonial, hendido por la paranoia. Esos dos cadáveres, madre e hija, pesan tanto como la turba de restos óseos entremezclados en los densos estratos de la arqueología contemporánea: la sombra de la intolerancia y la represión étnica, vidas rotas, desplazadas, hogares arrasados, trincheras, ropas vacías de padres o de hijos en armarios convertidos en criptas, fosas comunes y crematorios. El hechizo es siempre el mismo,...

DO MANA EL AGUA por Concha Lavella Clemares

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 No sé por qué no miras la Fuente de agua viva Siendo como es  a manantial subida. Sin ser agua de río  mana Y  O Da Cumbre Lo ligero muere en su trayecto Su devenir sed quita  Oh Fuente Acompaña No mueras de dar   O donde vayas, mira Abrígame oh alma Dame tu anhelo, palpita. Refúgiame de los avatares innecesarios prosaicos y dame  tu presencia explícita. Quiere a mi latido  Humana fui No es momento para huir Salvajes los que aún no te conocen. Menester distribuido para llorar   esencia Viaje de ruedas celestiales  tus espirales. Oh Fuente, dormida sueñas. Quiéreme Sé mi dueña. Oh Fuente púrpura Oh fuente pequeña Da de beber A esta sedienta A tus caños floridos voy. Se acerca. Con las manos ceñidas  en oración  esa es mi fuerza No busco consuelo En ti se empeña  loto dorado destino de flor  entre páginas del libro  de Vitruvio. Hoy nieva. Vayas o vengas.