Yo, en algún tiempo pretérito e ideal, fui, sin duda, alumno del Maestro Ciruela; claro que sí. Y más aún. alumno dilecto: discípulo. Sí, no sabía leer, y puso Escuela, ¿qué hay con eso? Tantos que habría en el aldea, que sabían leer y guardaban como privilegio, para sí mismos, ese saber leer que el destino, más que su mérito, les otorgara. Sí, el Maestro Ciruela, puso Escuela. Fue un valiente. Pidió permiso para entrar en aquel casucho abandonado casi en las afueras del pueblo, y puso pizarrón de laja, yeso seco por tiza, y mobiliario sobrante, del que quemaban en San Juan. Y el pueblo supo que había una cosa llamada Escuela , y que podía ser para todos. Los hidalgos del pueblo (lugar o aldea) lo miraron mal. Un laico plebeyo dando lección. No sabía más que escribir su nombre, y eso lo aprendió sirviendo al rey, por esos campos de batalla del belicoso coronado. Y tuvo que pedir ayuda al juglar último que pasara por allí, para saber escribir las letras que le faltaban, desde Cir...