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SUMARIO DEL 1 DE FEBRERO DE 2026

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  Alegoría del mes de febrero.  Triunfo de Neptuno bajo el signo de Piscis, Veen-Joost ¡Salud y República de las Letras! Los amigos de Dulcinea inauguran el primer domingo del mes de febrero con estas ofrendas literarias a nuestros buenos amigos y lectores. Con Marcos Muelas volveréis al Japón eterno y bello. Isabel María Abellán, Concha Lavella y Charo Guarino os llevarán por el mundo la introspección, el amor y el recuerdo con su prosa poética, Pedro H. Martínez inaugura una sección que no os dejará indiferentes. Vicente Llamas escribe desde una tronera con unas palabras que llegarán al Olimpo. Santiago Delgado  hará tomar apuntes de nuevo, el mundo del arte, del cine y la música, es indiscutiblemente de Rafael Hortal y Gabriel Lauret. Disfrutad de la vida y de la literatura.

LOS SONIDOS Y EL TIEMPO. Diaghilev y las zapatillas rojas, por Gabriel Lauretl

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Las zapatillas rojas es una gran película británica de 1948 que retrata el mundo de la danza. Cuenta la historia de una bailarina, joven y desconocida, que ingresa en una prestigiosa compañía, cuyo director la convierte por sorpresa en protagonista de un nuevo ballet. Basado en el cuento de Andersen que da título a la película, su música ha sido compuesta por un compositor, también joven y desconocido, que inicia una relación con la bailarina, lo que provoca la reacción incontrolada del director, que la obliga a elegir entre la danza y el amor, y desencadenará el trágico desenlace. Este director es un empresario ruso, refinado y con un olfato innato para los negocios, que persigue incansable la perfección de sus producciones, pero que es posesivo, cruel y vengativo hasta el extremo con quien no se pliega a sus designios. Cualquier buen aficionado a la danza probablemente habrá pensado en un personaje histórico: Serge Diaghilev, el creador de los mundialmente famosos Ballets Rusos. Naci...

CLASE DE LENGUA Y LITERATURA. Valor y uso en los términos plural y diverso, por Santiago Delgado

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Cuando en otros evos estudiaba yo Lingüística, aprendí que las palabras tienen eso que dice el título: valor y uso . Por valor entendemos su significado de diccionario. Por uso, el que le damos en la práctica. O los que les damos en la práctica. Ambos fenómenos lingüísticos coexisten o conviven en la realidad. Pudiéramos decir que el valor es comunicativo y el uso, expresivo. Pero no tanto. Todo es mezcla de comunicación y de expresión en algún grado. A menudo hoy, intercambiamos los términos plural y diverso . Y sus derivados, pluralismo y diversidad. En uso, son sinónimos; pero en valor no. El valor de plural es mucho de lo mismo: muchos niños, muchas estrellas, muchos libros. Pero hoy le ha robado parte de su significado a diverso. El valor de diverso es eso: variedad, abundancia de miembros heterogéneos en un mismo conjunto, material, inmaterial o espiritual. Plural, en su valor prístino, alude a cantidad de elementos iguales. Eso es, plural es mundo homogéneo, diverso es mun...

CRONOPIOS. ¿Qué hizo Alice Guy?, por Rafael Hortal

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Hasta 1950 no sabíamos de sus proezas, que permanecieron ocultas por atribuirlas a su marido. En esa época existían prejuicios de género y son muchas mujeres artistas las que fueron silenciadas en la Historia Universal. Increíblemente, Alice tuvo que cumplir 77 años para que algún historiador documentara sus importantes trabajos en el mundo cinematográfico, entonces fue condecorada con la Legión de Honor, la distinción más importante que concede el Estado francés desde que la creó Napoleón en 1802. Alice Guy (1873-1968) Alice Ida Antoinette Guy-Blaché (Francia 1873 – EE.UU. 1968) fue la primera directora de cine en el mundo y aportó el nuevo lenguaje a la narración cinematográfica. Su infancia transcurrió entre Francia, Chile y Suiza; sus padres eran libreros (leyó mucho, y eso es bueno), estudió teatro. En 1895 comenzó a trabajar como secretaria en el estudio cinematográfico Gaumont Film Company de Francia, un año después, con 23 años, dirigió: “La Fée aux Choux”, considerada la prime...

UN INSTANTE A TU LADO, por Isabel María Abellán

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Esta noche he soñado a mi padre vivo, estaba junto a mi abuelo y, a su lado, mi prima mayor. Yo entraba en el taller donde estaban reparando mi coche. El primer coche que tuve se rompía cada dos por tres. Mi padre estaba allí y se estaba riendo de algo que le había dicho mi abuelo. Los dos estaban en la plenitud de sus vidas. Al verme llegar mi padre me riñó con cariño por esos pelos desastrados que llevaba sobre la cabeza, mis rizos rebeldes. “Tú antes ibas más arregladita” Y era verdad. En el sueño yo intentaba explicarle que me había peinado, pero que aún así no había remedio. El encargado del taller llegaba en ese momento y nos decía que el coche ya estaba arreglado. Yo cogía mis llaves y me sentaba al volante para ponerlo en marcha, pero mi padre, tan jovial como era entonces, y como lo fue hasta el último suspiro, me decía: “Anda, déjame conducir a mí.” En el sueño yo lo miraba un poco cariacontecida. “Cómo te gusta conducir papá”. Y en ese momento he despertado. Era aún de noche...

EL ARCO DE ODISEO. Otra vez Japón XII, por Marcos Muelas

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En 1998 se estrenó la icónica película El show de Truman . El film, protagonizado por Jim Carrey, cuando todavía hacía un mínimo de gracia, presentaba a un hombre simplón que vivía en un pequeño pueblo insular. Sin saberlo, desde niño era protagonista de un show bautizado con su propio nombre donde todo el país seguía su día a día a través de la televisión.  Las cámaras estaban ocultas y todos y cada uno de los habitantes de la isla eran actores contratados. Así, directivos sin escrúpulos, dirigían en directo la vida de Truman para entretenimiento de la nación. Una película que marcó una generación y creó una sensación de duda en cada uno de nosotros. ¿Quién no ha sentido en alguna ocasión la sensación de ser el mismo Truman? Ese momento en el que te pasan cosas muy raras y sientes como si alguien estuviera de alguna manera dirigiendo tu destino.  Pues así es como nos hemos sentido en cada uno de nuestros viajes a Japón. Situaciones tan imposibles que no tenían explicación y g...

CUENTOS PARA LEER DOS VECES. Quiero un marido, por Pedro H. Martínez

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  “Cada día me cuesta más meterme en un vestido estrecho, subirme a mis Manolos negros con tacón de aguja, y venir a fiestas o quedadas sociales. Pero si quiero un marido… Yo quiero un marido, si, como lo tiene mi madre y lo tuvo mi abuela, vamos, todas las mujeres de mi familia lo han tenido, ¿por qué yo no voy a tenerlo? Mi hermana, que mira que es fea la pobre, con ese pelo tintado de lila que parece un teletubbie cuando se hace el moño, pues mi hermana, sí ella, también tiene marido. El pobre no es guapo, tampoco es pobre. Trabajaba en la fábrica de persianas de su padre, al morir el padre cerró la fábrica y con la recalificación de los terrenos donde se encontraba, sacó, limpios de polvo y paja, algo más de doce millones de euros. Ya no trabaja, ahora va de un lado a otro, montado en su Porsche rojo con la fea de mi hermana de moño lila. No me meto con eso, faltaría, él es quién ha pagado algunos de mis caprichos, solo tengo que llorarle a mi hermana un poco y… ya se ocupa el...

Última nota de prensa, por Vicente Llamas

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Un narrador debe susurrar. Baroja en su cueva de Zugarramurdi, conjugando brujas sin que nadie pueda oírle hasta haberlas convocado a todas para arrojarlas sobre el páramo. Un científico debe investigar, con su mancha en el rostro, anunciando transferencias adoptivas, reparaciones y apoptosis, asomando ocasionalmente al mundo para pedir ayuda económica a su denodado esfuerzo contra la caída. Un pintor debe habitar lienzos, lejos del estruendo que sólo deformaría sus colores, aplastando la tímida luz que anida en el sótano. Un filósofo debe herir con su razón las sombras, absteniéndose de escenarios venenosos, el impuro teatro del mundo. El resto es oportunismo, atajos para sellar las grietas del imperfecto talento, mímica elemental, delación o estrategia, ruido para atraer la atención sobre una obra que debiera sostenerse en sus propios renglones, sin música externa.   Desconfío de polemistas que abandonan su exilio, el único destino posible del demiurgo, el único que procura ...