Crónicas de la disidencia V. Los versos más tristes, por Vicente Llamas
La ira de las brujas… Un venenoso rumor se extiende por la comunidad: alucinaciones, señales flotantes, resentimientos, celos desafiando los valores puritanos. La histeria colectiva arrastra a Sarah Good a la celda de Ipswich. Allí alumbraría a una niña que murió de desnutrición antes de que la madre fuera ahorcada. Sucios reverendos desfigurando la verdad a los que un dios deforme daba sangre para beber, médicos ineptos encubriendo su incompetencia bajo la aflicción sobrenatural de una “mano malvada”. El fanatismo religioso sacudió la bahía de Massachusetts en el período colonial, hendido por la paranoia. Esos dos cadáveres, madre e hija, pesan tanto como la turba de restos óseos entremezclados en los densos estratos de la arqueología contemporánea: la sombra de la intolerancia y la represión étnica, vidas rotas, desplazadas, hogares arrasados, trincheras, ropas vacías de padres o de hijos en armarios convertidos en criptas, fosas comunes y crematorios. El hechizo es siempre el mismo,...