LOS SONIDOS Y EL TIEMPO. Casanovas en la India, por Gabriel Lauret





Para un músico joven, hay pocas experiencias tan ilusionantes como la posibilidad de compartir escenario con un mito. Eso sentimos los componentes de la Orquesta de Jóvenes de la Región de Murcia cuando en otoño de 1986 nos comunicaron que Narciso Yepes iba a tocar con nosotros en unos conciertos de homenaje a Francisco Casanovas, un compositor afincado en Torrevieja del que no teníamos más noticias, y que nos resultaba secundario ante el hecho de tocar con este guitarrista universal. En el programa, que iba a dirigir Ignacio, hijo de Yepes, se estrenarían dos obras de Casanovas: un concierto para guitarra y una monumental misa para doble coro, órgano y orquesta. La interpretación de esta última obra iba a permitir también que la orquesta, compuesta fundamentalmente por cuerda, actuara por primera vez con una plantilla sinfónica completa.


Durante los ensayos, que se realizaban los fines de semana, recibíamos noticias preocupantes sobre la salud del músico, ya octogenario, que había sido hospitalizado. Aun así, pudo asistir a uno de ellos en silla de ruedas. Todos los presentes le dedicamos una gran ovación y pudimos saludarle, muy brevemente, para no fatigarlo. No podíamos imaginar que detrás de esa persona enferma, probablemente en sus últimos días, había una historia larga y apasionante.


Casanovas era catalán, nacido en Barcelona en 1899, ciudad donde aprendió flauta y composición. Realizó su debut en el Gran Teatro del Liceo con solo quince años, junto al violinista y compositor Eduardo Toldrá y la célebre clavecinista Wanda Landowska. En 1919 fue seleccionado por el violonchelista Pau Casals para formar parte de su orquesta de cámara. 1924 fue un año crucial en su vida ya que se casó con Marina Marqués y, en París, donde actuó con la orquesta de Casals con motivo de la Olimpiada, comenzó a tocar el saxofón. También de manera autodidacta aprendió a tocar admirablemente el clarinete, como recordaba años más tarde, elogiándolo, el compositor Roberto Gerhard. En 1926 fundó la “Casanovas Orchestra”, una agrupación de jazz con la que recorrió Alemania, Marruecos, Grecia y, por primera vez en 1930, la India, adonde regresó en varias ocasiones. Al ser la India una colonia británica, Casanovas se presentó en Londres a unas oposiciones en las que obtuvo la plaza de director de la Escuela de Música de Calcuta. El comienzo de la Guerra Civil y la imposibilidad de regresar a Barcelona precipitaron que Casanovas y cinco de sus músicos llegaran a la India en 1936. Además de su actividad docente, comenzó a colaborar como solista de saxofón, de flauta y como compositor con la Orquesta Sinfónica de Calcuta. Diez años después, Casanovas fue nombrado director titular de esta agrupación, cargo que conservó hasta su regreso definitivo a Europa. Durante este tiempo, también visitó con frecuencia los Estados Unidos.





Francisco Casanovas (izquierda) junto a Mehli Mehta (ca. 1947-1954).

 Foto cortesía de Juan Francisco Cayuelas.




En los años que Casanovas pasó en la India se produjo la independencia del Reino Unido. El círculo de amistades de Casanovas contenía nombres impactantes. Conoció a la madre Teresa, a Nehru, primer Primer Ministro de la India tras la independencia, y también a Gandhi, asesinado en 1948. Su relación con Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura y autor del célebre “Libro de la selva”, fue muy estrecha. Casanovas pasaba al pentagrama y armonizaba las canciones que el escritor improvisaba, como hizo con el Himno de la India, compuesto por Tagore en 1911. Debo mencionar que la obra de Casanovas es abundante, variada y de gran interés, con numerosas composiciones sinfónicas, concertantes y de cámara, muchas de las cuales probablemente permanezcan ocultas en algún archivo de Calcuta.


Francisco Casanovas mantuvo una profunda amistad con el violinista y director Mehli Mehta, fundador de la Orquesta Sinfónica de Bombay. A pesar de los dos mil kilómetros que separan estas dos ciudades, Casanovas se desplazaba periódicamente para dirigir a su orquesta, a menudo con Mehta como solista, y se hospedaba en su casa, donde conoció a sus dos hijos. El director Zubin Mehta, mundialmente famoso, quien todavía recuerda a Casanovas con cariño, de niño imitaba sus gestos con la batuta y, más adelante, aprendió armonía y contrapunto con el barcelonés. El menor, Zarin, se dedicó a la gestión musical, llegando a ser presidente de la Filarmónica de Nueva York. Quizás el punto culminante de la colaboración entre estos músicos, y sin embargo amigos, fue la gira de conciertos que ofreció el violinista Yehudi Menuhin en 1952, con Casanovas como director y Mehli Mehta como concertino. La familia Mehta dejó la India en 1955 y, tras unos años en Inglaterra, se trasladó a Estados Unidos. Dirigió algunas de las mejores orquestas americanas y mundiales, aunque su mayor aportación musical y pedagógica, sin duda, fue la creación de la American Youth Symphony, que comandó durante 33 años.


Casanovas, abandonó la India en 1956 cuando se le exigió que adoptara la nacionalidad para permanecer en el país. Volvió a Europa, donde se reencontró con su familia, a la que sólo había visitado esporádicamente durante todo este tiempo. La salud frágil de su mujer aconsejó que regresara a España tras unos años en Inglaterra. Los puestos musicales de cierto nivel estaban ya ocupados en Barcelona, por lo que, ante la necesidad de asegurarse el sustento, aceptó en 1959 lo que podía parecer una ocupación menor en la banda de Amposta, en Tarragona. La inquietud de Casanovas propició que creara una orquesta de cámara y un orfeón, realizando una labor extraordinaria. Fallecida su mujer en 1962, en 1967 continuó su periplo hacia el sur, y estuvo al frente de la banda de la Unión Musical de Liria durante dos años, que dejó cuando consideró que su edad le impedía rendir al nivel que exigía esta prestigiosa entidad, que le otorgó su insignia de oro por su excepcional labor educativa y musical. 


Precisamente en Liria le recomendaron que tomara la dirección de la Unión Musical Torrevejense en 1970, ya con 70 años de edad. Asimismo, se hizo cargo  de la academia de música, creó varios grupos de cámara y formó una última generación de alumnos. Algunos de ellos son los que ahora se están encargando de recuperar su memoria, especialmente el flautista Juan Francisco Cayuelas, su principal investigador y divulgador. Durante sus años en Torrevieja, Casanovas hizo una gran amistad con Yepes, que poseía muy cerca una casa en la costa alicantina. El Maestro Casanovas dejó sus ocupaciones musicales en 1981. 


El 16 de diciembre de 1986, pocos días antes de los homenajes previstos, recibimos la triste noticia de su fallecimiento. Los conciertos, ya en su memoria, se celebraron en Murcia, Lorca y Torrevieja. En esta última ciudad descansan los restos de este personaje increíble que recorrió el mundo y que recibió el aprecio y la amistad sincera de algunos de los músicos más importantes de su época.









Ilustración musical:


Francisco Casanovas. "La gata i el belitre”. Narciso Yepes, guitarra





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