PUNTO DE FUGA. Mai diguis mai més, por Charo Guarino
Cuando uno tiene una herida, pareciera que todos los golpes van a parar al mismo sitio, como si el lugar en cuestión tuviese una fuerza magnética para atraer el daño y aumentar el dolor, retrasando o hasta impidiendo la curación. Por otra parte, en muchas ocasiones vivimos situaciones sin reparar en que tal vez sea la última vez (el último abrazo, la última clase, la última vez que veremos a una persona o hablaremos con ella...), o, por el contrario, apuramos los instantes que darán paso a un estado distinto, absolutamente conscientes de que el cambio que ha de llegar se aproxima a pasos agigantados y habrá de darnos el zarpazo, no por esperado menos temido, de un momento a otro, independientemente de que ese cambio sea o no bueno, o, en su caso, del grado de bondad que pueda tener. Resistirse no hace sino aumentar la inquietud y la zozobra, impidiéndonos fluir, "ser agua", como aconsejaba Bruce Lee con esa sabiduría ancestral que también habita en las artes marciales y que...