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Mostrando las entradas etiquetadas como memoria

Agua, cristales rotos y un muerto, por Concha Lavella Clemares

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  Un golpe de viento abrió el portón de madera, entraron recuerdos y hojas secas. Era la tarde en la que el tío Venancio Martínez se cayó de la silla al estornudar y, como estaba tan gordito, rodó hasta tres habitaciones más allá. Al estar el suelo inclinado y las puertas de toda la casa abiertas, vino a dar con la cabeza en una de las esquinas de la cama donde se encontraba su mujer. A ella le entró tanta risa que casi se ahoga y llamaron de urgencia tanto por el chichón de Venancio como por el ahogo de su señora esposa. Atónita, comencé a contar las tacitas del estante y a rezar sin darme cuenta. Y es que ese día con mis tíos era como para no salir a pie de calle, pero tampoco para estar dentro.     Su casa era agradable pero muy vieja. Acostumbraba a jugar con las grietas y desconchados de la pared, imaginaba historias y mapas hasta que me entraba sueño y mi tío, con su pipa de tabaco inglés en la boca, me contaba cuentos al compás del viento, meciéndome al calor de la...

LOGOSFERA: Entre azul turquesa y verde mar, por Isaac David Cremades Cano

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Me contaba que había una vez una joven senegalesa que narraba, en una extensa carta redactada en francés, la idiosincrasia del matrimonio polígamo. De su curiosa relación con las coesposas, surgía todo un entramado de complejos nudos: unos enlazados suavemente, algunos inesperadamente correderos, pero otros apretados severamente por la tiranía masculina. Ese ancestral tejido tradicional se desgarraba con la extraordinaria fuerza que adquiría esa atrevida escritura. El poder liberador de la literatura como testimonio y compromiso humedecía las yemas de los dedos a cada página sugerida... Había una valiente marroquí que describía igualmente cómo las mujeres de su entorno comenzaban a cuestionar el respeto a los hudud , mientras susurraba su niñez entre los altos muros del harem familiar. Un atractivo exterior irrumpía cada vez con más fuerza en ese cerrado mundo tradicional. Mujeres y hombres, así como cristianos y musulmanes, en espacios separados los primeros, un mar desplegado entre l...

RELATOS DE UNA MOSCA. De memoria y tragaderas, por Pedro H. Martínez

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Debo confesar que… nunca he ido a pie a ninguna parte, moverme andando sí, pero andar, lo que se dice andar… nunca, no. Es uno de los privilegios de ser una mosca. Vas de un lado a otro volando, ello te permite ver las cosas con vista cenital, de manera panorámica y con un punto de vista completamente distinto a ustedes. Es lo que toca.   También tengo ventajas, en el comer, por ejemplo, a mí me gusta todo, me lo como todo, y cuando digo todo es todo. Perdónenme, acabo de darme cuenta que ustedes también lo trituran todo, y para dentro. Aunque algunos de ustedes son intolerantes a la lactosa, o a la cebolla, toleran muy bien que les roben, que les manipulen y que les dejen viendo noches enteras “ Tú cara me suena ”, sirva como ejemplo. Lo cierto es que tienen grandes tragaderas a la sumisión mediática, a la bronca facilona, a tertulias que no llevan a ninguna parte, a creerse cuentos, que ríete tú, más increíbles que los de los Hermanos Grimm. Quizás mi ansia viva venga por la esca...

CLASE DE LENGA Y LITERATURA. Memorizar poesía, por Santiago Delgado

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La mejor clase de Lengua es aquélla que se emplea en memorizar un poema. Los poetas escriben para eso. No para que ningún profesor le haga la autopsia al poema que escribió, a base de estudiar su estilo, su época, su escuela, su estructura… ¿Quién que es no se sabe un poema de memoria? Saber un poema de memoria no es ningún desdoro. Al contrario, es haber incardinado al poema en nuestra vida.  Un poema que merece la pena saber de memoria, e interpretarlo adecuadamente, desde la voz del alma es el titulado “El Viaje Definitivo”, de Juan Ramón Jiménez. Dice así: El viaje definitivo … Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco. Todas las tardes, el cielo será azul y plácido; y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario. Se morirán aquellos que me amaron; y el pueblo se hará nuevo cada año; y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, mi espíritu errará nostáljico… Y yo me iré; ...

LOGOSFERA: Corriente invertida (Segunda parte), por Isaac David Cremades Cano

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  Sin duda, ese fenómeno meteorológico acrecentó la onda expansiva de los explosivos colocados, de forma sistemática en todos los puentes, por las tropas alemanas días antes de su huida. De repente, el silbido de las ráfagas de vientos del sur se vio bruscamente interrumpido por un golpe seco, profundo y grave, que hizo temblar todo. Se trataba de la nota de apertura contenida en la metódica sinfonía, compuesta días antes y orquestada en un único cobarde acto por el vencido en retirada. Era ahora, tras un breve silencio, sin apenas poder reaccionar, el turno del puente Pasteur que saltaba por los aires y, ya alejados lo máximo de las ventanas, protegidos en el vientre de nuestro apartamento, todo tembló de nuevo. Más vigor al estallar los explosivos bajo el siguiente puente, el de Gallieni, que todavía nos mantenían paralizados, pero ya por poco tiempo, pues sentíamos cómo la adrenalina empezaba a extenderse por nuestros cuerpos y pensamientos. Pero enseguida, sin cesar completamen...

LOGOSFERA: Corriente invertida (Primera parte), por Isaac David Cremades Cano

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  Al observar temerosos, desde las ventanas del salón, a esos batallones de alemanes desfilando en formación hacia la Escuela Militar de Medicina, dejamos de apreciar la agradable temperatura en ese fatídico día del verano del 40. El sol radiante, que avivaba los colores del paisaje urbano con sus luminosos rayos, dio paso a una vaporosa grisalla casi asfixiante, acentuada con el polvo y el humo emanado por estos intrusos. Parecían enfadar hasta al nítido cielo, a golpe seco y compasado de sus miles de botas sobre el pavimento de las principales avenidas de la vencida ciudad. El estruendo de tanques y cañones a menudo abría los diferentes cortejos: los primeros militares de cada regimiento portaban altivos estandartes, otros banderas y todos brazaletes rojos con ese extraño símbolo negro en el centro, colocado dentro de un circulo blanco. Mientras tanto, en un primer gesto propagandístico del que apenas nos percatamos, los heridos eran transportados en camionetas, carretillas y cam...

PUNTO DE FUGA. El punto de la felicidad

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Que el estado anímico influye en la salud queda fuera de toda duda, como está claro que las personas antes o después acaban siendo víctimas de circunstancias desfavorables mantenidas en el tiempo, situaciones que hacen mella en el espíritu y debilitan el sistema inmunitario, la defensa con la que cuenta el cuerpo para luchar contra potenciales infecciones.  Las plantas medicinales y la homeopatía contribuyen junto con los medicamentos desarrollados en laboratorio a preservar la salud, a restituir el vigor perdido o a paliar los efectos adversos de la enfermedad o del implacable paso del tiempo. La alimentación adecuada, la práctica de un ejercicio físico saludable, así como el cultivo de aficiones que nos satisfagan son imprescindibles para que el engranaje biológico funcione. Pero hay algo más que no depende estrictamente del individuo, que trasciende sus límites corporales y que resulta necesario para una existencia plena: la relación con el otro. Porque, como dijera Aristóteles,...

PASADO DE ROSCA. Doble fondo 4/7, por Bernar Freiría

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  Hay que joderse, que aquí no llueve ni pa’ Dios y va esta primavera y no para de caer agua. Y tiene que pasar cuando estoy hasta las cejas de deudas. La culpa la tengo yo por meterme a comprar muebles contando con que pasado febrero las cosas se animan y habría trabajo a punta de pala. Pero a ver, si no, quién paga los plazos, entre hipoteca y muebles un pico, y yo sin un duro, que los ahorrillos los había fundido todos con la puta de la Sonia. No se me ocurre otra cosa que echar mano de los créditos inmediatos —mira que dan facilidades, los cabrones—, contando con que en semana santa lo más tardar tendría que entrar trabajo. Pues sí. En toda la puta semana y en la de fiestas de primavera no paró de llover. En los quince días solo hice tres rutas cortas. Una miseria. No iba a pedirles a los viejos las cuatro perras que tienen ahorradas. No sabía por dónde coño tirar. Se lo dije a la Pilar. Se quedó muy preocupada. “¿Y qué vas a hacer?” me dijo. Así le contesté sin pensar muy bien...