MARILYN, poema de Concha Lavella Clemares

Relámpago de manos
cruza mi espalda bajo el vestido
de verano.
Un viento repentino tira el jarrón sobre la mesa
derrama el agua y las flores.
Nos besamos
¿Será un alambique celestial
de lágrimas, tan pronto?
Mira, los zapatos salen volando.
La ternura es un traje de invierno usado,
con bolsillos rotos y tela de paño.
Las caricias vuelan por la estancia callada
Sólo se escuchan chasquidos de saliva y labios
Algún golpe inesperado de una silla
al movernos.
Las ventanas dejan inmóviles las escenas de la calle.
Si piensas en eso…
¡Sí, sí!
¡Vayamos!
No puedo, no puedo
Aún es pronto.
No digas nada.
Mi pelo se estrella contra su pecho como un valle
donde se recogen ramas secas
Sonrío
No puede ser que me enamore otra vez.
La curva del tiempo no es prosaica.
Me sonríes, te sonrío
Tras las arrugas, su tronco maduro es juvenil
para dar tormentas, calor, rayos
Baila mi corazón
como el de una jovial muchacha
Se balancea
Se dispara
Y caemos al suelo plenos de inocencia.
Enhorabuena, Concha.
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