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EL VERDE GABÁN, Crónica de Ayanz, por Santiago Delgado.

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Fragmento de la novela, inconclusa e inédita, “Crónica de Ayanz, 1553-1613) Santiago Delgado (El Caballero y Regidor de Murcia, Don Jerónimo de Ayanz se halla en un cerro de la sierra que limita al sur el valle medio de Segura, bajo un pino negral, generoso de umbría, sobre el monasterio franciscano de Santa Catalina, verano del año de gracia de 1586) “Esto dijo el buen fraile marchando cuesta abajo, no sin dificultad, desde el plano montículo donde se elevaba el pino negral, con vistas a todo el Valle de Myrtia, el monasterio de Santa Catalina delante mismo de la perspectiva. –¡Con Dios…! –le he gritado. Por toda contestación, ha levantado la mano, sin volverse. He tornado a echarme, y me he tapado la cara con el ancho sombrero de paja con que vengo siempre aquí. Me he vuelto a descalzar. Intentaré dormir. Pero no puedo dormir. Dormito en todo caso. Dormitar es menos que dormir, pero es más que nada. No sé si lo que pensamos en los dormitares es pensar o es soñar. Debe ser una mezcla ...

EL VERDE GABÁN: La peripecia post mortem de Don Jerónimo de Ayanz, por Santiago Delgado

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Jerónimo de Ayanz fue una gloria nacional española del XVI. Era navarro, y fue héroe de guerra, dado por muerto en el campo de batalla, e inventor. Entre ambas cosas vivió en Murcia doce años, casado con Luisa Dávalos, nobleza de rancio abolengo murciana. Como inventor fue un auténtico adelantado a su tiempo. Conoció la fuerza tractora del vapor de agua, la presión atmosférica y sus ideas fueron fundamentales para reactivar las minas de plata de Potosí, en Perú. Murió en Madrid, en 1613. De allí, su cuerpo estuvo de paso en la Capilla de San José, esquina de Serrano con Alcalá. Y luego, hasta Murcia, todo ordenado en su testamento y con su mujer, la murciana Dávalos, de albacea. Llegó a Murcia, y se depositó su cadáver en el convento de San Antonio, en la calle del mismo nombre. De allí a la catedral. La Capilla de los Dávalos es hoy Capilla de la Virgen del Socorro, con una obra imponente del primer Salzillo. Hasta aquí se acaba cuanto dicen libros de sus restos. Pero en mi aviso, la ...