CUENTOS PARA LEER DOS VECES, El niño de la eterna sonrisa, por Pedro H. Martínez
A esas personas que nos alegran cada día “A veces, solo a veces, la calma me invade. Son escasos los momentos de quietud. Mi cabeza parece estallar. Vivo preso de mis angustias, no las muestro, ellas quieren, yo no las dejo salir. Ellas quieren exhibirme, como enano de feria, como gigante de circo. Yo protejo lo que hay en mí. No es un tesoro, es un infierno”. La mañana era lluviosa, como tantas mañanas, fina, una suave llovizna. Dewar caminaba con su bolso blanco, sus zapatos de charol de tacón alto y una gabardina de color rojo, corta, de doble abotonadura. No se le veía pantalón ni falda, sus piernas largas se mostraban elegantes y fuertes a la vez. No llevaba paraguas. Llegó hasta la puerta del Café del Arco, un café de estilo francés en mitad de la floreciente Toronto, haciendo esquina entre las calles Millwood y Malcolm. Te vas a mojar Dewar -una voz le gritó, un hombre corría hacia ella con un paraguas de cuadros blancos y negros. ¡Y tú te vas a caer, como sigas corriendo ...