CLASE DE LENGUA Y LITERATURA. No busques a Baroja en Cestona, viajero, por Santiago Delgado.
En el balneario, digo. Estuvo muy poco tiempo, y más poco aún estuvo su espíritu en el balneario del río Urola. Además, salió de mala manera. Ni una foto suya, en un largo pasillo de fotos centenarias. Dicen que le dieron la plaza por saber vascuence. Y se aburría escuchando a reumáticas, artríticos o lumbálgicos como yo, en el vetusto balneario de Cestona. Vetusto hoy, y vetusto también cuando lo hicieron, sin ninguna perspectiva de durabilidad. Se peleó con todos, Baroja, incluidos el alcalde del pueblo y el párroco, que argüía que, si no iba a misa, mal médico era. Otrosí, los domingos a las doce, la hora sacrosanta de la misa, se ponía a trabajar el huerto el muy laico y carbonario; sospecho que únicamente por xoder al cura. Muy posiblemente fuera este clérigo el primero que lo llamó Don Impío Baroja, muy ingenioso el ensotanado.
Baroja acudió al termal establecimiento tras leer su tesis, que trataba de los recovecos psicofísicos del dolor. Buen tema ara inventar prosa, y si a cuento viniera, implementar autoridades finlandesas o polacas, de intrincado idioma. Los profesores suyos de Medicina en Madrid y Valencia siempre le achacaron poca dedicación a las clases prácticas, tan supuestamente necesarias para un galeno.
Donde sí levantaron placa sus conciudadanos fue en su casa natal, en San Sebastián, Calle Oquendo 6. Una placa que aparece como cosa perdida, espesamente municipal. Enfrente pilla una de las esquinas del Hotel María Cristina, que tanto vemos en el septiembre cinéfilo de la ciudad.
Pero, no en Cestona, el pueblo del balneario. Baroja no está sino en sus renglones, donde celebra el uso libre de las preposiciones, y la deconstrucción de las almas, que comienzan siendo personajes. Un Baroja médico escasa cabida tenía en aquel mundo, tan lleno de poncios y sanedrines de ira con cualquier descarriado al que anatematizar.
Ya saben, si buscan a Baroja, vayan a la esquina NO del María Cristina. Allí: busto de bronce; sobre el portal de su casa, lápida de camposanto, más que celebrante mármol. En sus páginas, sí que está. No hay cuidado con eso.

Certero análisis (Juan Guillamón) Mal médico, respetable artitrico, excelente escritor.
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