CRONOPIOS. Juegos prohibidos, por Rafel Hortal
En recuerdo de Asensio Piqueras, promotor de la Feria del Libro de Murcia Al comandante Carlos le gustaba emular a su tocayo Arguiñano en aquellos programas de hace décadas. Ahora todo era más sintético en la base española de la estación lunar controlada por Inteligencia Artificial. Entre vigilancias de tráfico interestelar, proyectos biogenéticos y tareas de mantenimiento, Carlos se ponía el uniforme de gala para cocinar frente a la cámara del canal TeleLuna. Rosa era la especialista informática, sin graduación militar pero respetada por todos. Le gustaba leer a los clásicos; su biblio terabyte contaba con los mejores ejemplares rescatados y reconstruidos de las bibliotecas de Alejandría y la del Vaticano, de las que sólo quedaron cenizas tras la Guerra Mundial Terminal del pasado siglo XXI. Todo estaba resuelto en la base lunar, el sexo era extremadamente placentero, pero individualizado. Rosa, en su habitación, se conectaba al orgasmatrón y bastaban unos segundos para de...