La herida, por Vicente Llamas
Con el asa de un cubo de latón hurgaron en su vientre para arrancarle el hijo de su propio hermano antes de que nadie pudiera saberlo. Esparcieron un montón de mentiras en la aldea sobre lo que el Isaac le hacía a su nieta huérfana hasta que las mentiras, juntadas en una sola masa viscosa que se adhería como la arcilla a los murmullos de la gente, pesaron lo suficiente para expulsarlo de la comarca y arrojar a su nieta a los servicios sociales. Quizá le siguieron a donde fue y acabaron devorándolo, arrastrándole a las aguas del Janda. La vida de los lagos es siempre precaria, se alimentan de afluencias y disponen de emisarios que vierten al mar las aguas sobrantes, pero los afluentes aportan muchos sedimentos que van colmatando la depresión sobre la que se asientan y los ríos emisarios que salen de ellos erosionan la pared de detención cada vez más hasta que las cosas atrapadas en los sedimentos se hacen visibles, incluida aquella en la que se había convertido el Isaac, al...