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Clase de Lengua y Literatura. Amigos, todos en pie: ¡Don Vicente Espinel!, por Santiago Delgado

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   Si de pronto desapareciera todo vestigio del Siglo de Oro español, salvo todo lo concerniente a Vicente Espinel, podría rehacerse toda entera esa centuria larga y dorada mencionada. Quijote aparte, claro. Fue maestro de latines y otras bellaquerías, de Lope de Vega, compartió taberna con Cervantes, fue soldado de los Tercios en Lombardía, capellán –pues consagrado era– en Ronda. Y en la Sevilla de Monipodio, ofició de guitarrista en sitios de mala nota y otras excelencias populares. Lope de Vega lo imitó en lo del sacerdocio. Y él mismo se autobiografió en parte en su novela picaresca “Vida del escudero Marcos de Obregón”, un clásico en la especie.  En Salamanca, asistió al juicio a Fray Luis de León, por aquellas traducciones de El Cantar de los Cantares, del bíblico Salomón. Ojalá nos hubiera dejado por escrito aquella experiencia. Pero los dominicos –en realidad quienes recelaban del agustino traductor– no hubieran consentido testimonio de aquel asunto pseudojudicia...

Clase de Lengua y Literatura, Cervantes y Velázquez, por Santiago Delgado

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Hay una común tristeza en las obras de Cervantes y Velázquez. Coincidieron ambos en la España de Felipe III, pero es perfectamente imposible que se cruzaran. Esa común tristeza que, digo, que acaso sea más bien ausencia de alegría, pertenece al tiempo español en que vivieron. Hay carcajadas en el Quijote, y hay, sobre todo, humor. El humor no es la risa. Me refiero a la tristeza que no saben ver ni Quevedo, ni Lope. Tampoco Murillo. Mirad a los ojos a los bufones reales, dignificados por el pincel de Don Diego, es la misma dignidad de los cabreros con los que Don Quijote comparte los galianos cocinados por aquéllos. Los galianos, dicen, son los gazpachos manchegos. Tanto y tan bien le sentaron al hidalgo, que, de inmediato, les instruyó con el discurso de la Edad de Oro, que Don Alonso veía en la frugal vida horaciana de aquellos servidores del campo. La dignidad tiene un poso de tristeza que niega la ansiedad, que ya en aquella época asaltaba los espíritus; así la de los hidalgos ur...