Clase de Lengua y Literatura. Amigos, todos en pie: ¡Don Vicente Espinel!, por Santiago Delgado
Si de pronto desapareciera todo vestigio del Siglo de Oro español, salvo todo lo concerniente a Vicente Espinel, podría rehacerse toda entera esa centuria larga y dorada mencionada. Quijote aparte, claro. Fue maestro de latines y otras bellaquerías, de Lope de Vega, compartió taberna con Cervantes, fue soldado de los Tercios en Lombardía, capellán –pues consagrado era– en Ronda. Y en la Sevilla de Monipodio, ofició de guitarrista en sitios de mala nota y otras excelencias populares. Lope de Vega lo imitó en lo del sacerdocio. Y él mismo se autobiografió en parte en su novela picaresca “Vida del escudero Marcos de Obregón”, un clásico en la especie. En Salamanca, asistió al juicio a Fray Luis de León, por aquellas traducciones de El Cantar de los Cantares, del bíblico Salomón. Ojalá nos hubiera dejado por escrito aquella experiencia. Pero los dominicos –en realidad quienes recelaban del agustino traductor– no hubieran consentido testimonio de aquel asunto pseudojudicia...