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Mostrando las entradas etiquetadas como filosofía

Crónicas de la disidencia V. Los versos más tristes, por Vicente Llamas

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La ira de las brujas… Un venenoso rumor se extiende por la comunidad: alucinaciones, señales flotantes, resentimientos, celos desafiando los valores puritanos. La histeria colectiva arrastra a Sarah Good a la celda de Ipswich. Allí alumbraría a una niña que murió de desnutrición antes de que la madre fuera ahorcada. Sucios reverendos desfigurando la verdad a los que un dios deforme daba sangre para beber, médicos ineptos encubriendo su incompetencia bajo la aflicción sobrenatural de una “mano malvada”. El fanatismo religioso sacudió la bahía de Massachusetts en el período colonial, hendido por la paranoia. Esos dos cadáveres, madre e hija, pesan tanto como la turba de restos óseos entremezclados en los densos estratos de la arqueología contemporánea: la sombra de la intolerancia y la represión étnica, vidas rotas, desplazadas, hogares arrasados, trincheras, ropas vacías de padres o de hijos en armarios convertidos en criptas, fosas comunes y crematorios. El hechizo es siempre el mismo,...

Crónicas de la disidencia IV. La fosa de Calipso, por Vicente Llamas

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Apenas una última convulsión empuja al fluido segregado por las glándulas de muda hacia el viejo tegumento que acaba por desgarrarse en la zona dorsal al aumentar la presión interna. La grieta permite al organismo, blando y vulnerable al principio, salir del esqueleto exterior como si rasgase un sudario del que finalmente se desprende, deshechas en él las huellas de todas las estructuras de origen cuticular, incluyendo las que tapizan los extremos del aparato digestivo y las que forman las tráqueas respiratorias. Si fuese dócil criatura, si se dejase atrapar, no se hallarían en la cutícula vestigios de rasgos primitivos, anteriores a la oscuridad y a la condena, nada que recuerde vagamente lo que fue antes de la ecdisis, mucho antes de ser obscena y dejar de alimentarse en fase de reposo. Los líquidos exuviales permanecen inactivos hasta que la capa externa de impúdica piel se ha completado, luego borran lo anterior: células columnares muertas, la cubierta de los ojos iniciales, que ya...

CRÓNICAS DE LA DISIDENCIA. II El segundo mundo, por Vicente Llamas.

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El liberalismo es un sacramento hueco, un fruto corrompido que siempre aprovecha su oportunidad, grietas entre las almas muertas que Gógol conjurase en su sueño letárgico de póshlost , el lienzo de banalidad moral que las oprime. La flor inversa aguarda, paciente, sin fe alguna en la transcendencia, las impuras liturgias de la usura para cobrarse una última libra de carne de la desnudez cumplida sin derramar una gota de sangre. El marxismo estatalizado, el engendro mecánico de Illich Uliánov, no el materialismo dialéctico de Marx en su raíz hegeliana primordial, es un autómata deforme que oculta la mitad de su rostro en la niebla con subrepticia vocación teológica: no desea liberar, ansía redimir, usurpar el rol de la vieja religión, ser el sucedáneo del opio para una población conversa, abducida por una mesiánica ingeniería social que urde venenosos símbolos, desplegando sombrías estrategias de sumisión. La sucia maquinaria de fobias y miseria ciega con barro los abismos interindiv...

AMIMANERA, La trinidad del pensamiento: Sócrates, Platón y Aristóteles, por Juan Ángel Sánchez

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Tras años de lectura de los grandes pilares del pensamiento clásico, he decidido intentar mostrar las reflexiones de algunos hombres sabios sobre cómo debería ser una sociedad sana. Me choca que a veces nos perdemos entre tantos filósofos complejos, teorías sofisticadas y sistemas cerrados, y olvidamos que hubo tres figuras fundamentales que, sin estar exactamente en el origen de todo, sí marcaron el inicio de lo que hoy llamamos pensamiento europeo u occidental. Sócrates, Platón y Aristóteles sentaron las bases de la convivencia, de las religiones y de buena parte de las ideas que aún hoy influyen en nuestra forma de vivir, de educar y de organizarnos como sociedad. Hablar de cualquiera de estos tres pensadores es, inevitablemente, mostrar solo una parte mínima de su pensamiento. Sócrates nunca escribió nada; Platón nos dejó diálogos en los que su maestro aparece como protagonista y portavoz de muchas ideas; Aristóteles, por su parte, nos legó escritos que en su mayoría se le atribuye...

Última nota de prensa, por Vicente Llamas

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Un narrador debe susurrar. Baroja en su cueva de Zugarramurdi, conjugando brujas sin que nadie pueda oírle hasta haberlas convocado a todas para arrojarlas sobre el páramo. Un científico debe investigar, con su mancha en el rostro, anunciando transferencias adoptivas, reparaciones y apoptosis, asomando ocasionalmente al mundo para pedir ayuda económica a su denodado esfuerzo contra la caída. Un pintor debe habitar lienzos, lejos del estruendo que sólo deformaría sus colores, aplastando la tímida luz que anida en el sótano. Un filósofo debe herir con su razón las sombras, absteniéndose de escenarios venenosos, el impuro teatro del mundo. El resto es oportunismo, atajos para sellar las grietas del imperfecto talento, mímica elemental, delación o estrategia, ruido para atraer la atención sobre una obra que debiera sostenerse en sus propios renglones, sin música externa.   Desconfío de polemistas que abandonan su exilio, el único destino posible del demiurgo, el único que procura ...

La doctrina Monroe, por Vicente Llamas

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Si, como afirma Llosa, la inteligencia es una atmósfera en La condición humana , y ese carácter no se resiente en la ficción, también puede serlo el delirio. Rebasadas las lluvias, la tierra rojiza, el sudario de polvo que ahoga el ímpetu ciego de las espigas y los hombres que trazan sobre la costra de polvo y días rojizos de la tierra los senderos de su propio desgaste, la impura caligrafía de la orfandad a la espera de Godot, Las uvas de la ira parte de una premisa: la penosa marcha de una tortuga entre los flancos de una calzada, metáfora del éxodo de ockhies y arckies remontando hoovervilles y demás residuos fenomenológicos de la Gran Depresión, hasta completar la anatomía profunda de la bestia simplificada, ya en el Sheol californiano, mientras la doctrina se extendía a criaturas no ungidas en la fe anisótropa que sostenía el proyecto de vasta nación. Quienes no habían cometido otra falta que habitar la espera debieron interpretar el suburbio al que ésta les condenaba como un e...

Cuaderno de Naufragios XVI. El último lucio de Versalles, por Vicente Llamas.

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"En cada una de las fuentes de Versalles hay un lucio que mantiene activas a todas las carpas; de lo contrario, engordarían demasiado y morirían [...] Sus víctimas rara vez le mostraron malicia, y cuando lo hacían, no era por mucho tiempo. Su veneno fue diseñado sólo para adherirse a la capa externa de complacencia y no para penetrar a través de las regiones del espíritu donde se infligen las verdaderas heridas". He aquí una fábula fúnebre, un pasaje de las exequias que John Huston consagrara a la memoria de Sam Spade, devastado por un cáncer de esófago a los 57.  Hay que saber morir de eso, no es fácil atravesar la senda tenebrosa , golpear todas las puertas, menos la del cielo; emerger de Salem, burlando al diablo por invocación de la primera enmienda, para adentrarse en el sueño eterno, apenas sosteniéndose en unas onzas de carisma deshecho, extraído de un hotel en los Cayos de Florida, mientras la tormenta arrecia fuera. El duelo por Sam fue el comienzo de una guerra fría...

CUADERNO DE NAUFRAGIOS XV. Mentiras, malditas mentiras y estadísticas, por Vicente Llamas

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No es este que habitamos sólo el tiempo de las invasivas siglas que denunciara el poeta de 45 años en sus secas horas de insomnio, “gimiendo como el huracán” sobre “más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)” que se pudrían en lechos inconstantes (siguen pudriéndose, aunque son muchos más de los censados); el siglo del “gris ejército esquelético” que avanza, implacable, hundiendo la palabra entera en el pasado del que reniega. Extraños andamiajes de una realidad dócil que nunca se desgarra cerca. Es también el tiempo de las cifras, y las cifras son la nueva máscara de la mentira.  La estadística es un siervo complaciente, se inclina del lado del mejor postor para incidir subrepticiamente en la desinformación, alimentando la falacia y la demonización por ajustada alquimia de ámbitos y medios, desorganizando contenidos mediante retóricas que adulteran la analogía, la metáfora, …  La estadística es una inversa mística homicida que simula destilar el arcano, al...