LOS SONIDOS Y EL TIEMPO, War Requiem, por Gabriel Lauret


El Adagio sostenuto que abre la Sonata “Claro de luna”, la segunda del opus 27 de Ludwig van Beethoven, es uno de los pasajes más bellos de toda la historia de la música. Desconocemos los motivos por los que el alto mando alemán le puso este nombre, Operation Mondscheinsonate, al bombardeo masivo de la ciudad de Coventry en la noche del 14 de noviembre de 1940. No fue el único de los que sufrió a lo largo de la Batalla de Inglaterra, pero sí fue el más devastador, ya que acabó en un sólo día con la vida de 550 personas. El bombardeo era una represalia por otro sobre la ciudad de Munich, la patria del nacionalsocialismo, en el que habían fallecido miles de civiles. Casi medio millar de aviones de la Luftwaffe dejaron caer decenas de miles de bombas durante dos días consecutivos. Aparte de las vidas humanas, el torrente de fuego arrasó la ciudad y, dentro de ella, su edificio más emblemático, la catedral gótica de San Miguel, de la que sólo sobrevivieron el muro exterior y la torre. 


Concluida la guerra, en 1950 se celebró un concurso para elegir un proyecto para erigir una nueva catedral, al que optaron más de 200 arquitectos. El elegido fue el escocés Basil Spence, que iba a conservar las ruinas que quedaban en pie como recuerdo y homenaje a los fallecidos en la guerra. La reina Isabel II puso la primera piedra en 1956, y en sólo seis años estuvo terminada. La catedral fue consagrada el 25 de mayo de 1962 y, pocos días después, el 30, se celebró allí el estreno del Réquiem de Guerra de Benjamin Britten. El compositor había trabajado en la obra tras recibir un año antes el encargo del comité organizador de un festival que se celebraría allí tras la apertura.


Benjamin Britten, nacido en 1913, era el compositor británico más importante del momento, y llevaba casi quince años dedicado principalmente a la composición óperas, diez en ese periodo, por lo que tenía un dominio total de la escritura vocal y orquestal, y de cómo utilizarlas en el contexto dramático de una obra. 


Era un pacifista convencido que se había declarado objetor de conciencia durante la guerra. Junto a su pareja, el tenor Peter Pears, había sido testigo de los horrores del conflicto, en el que murieron varios de sus amigos. Decidió hacer una obra sorprendentemente novedosa: utilizó la tradicional Misa de Difuntos intercalándola con nueve poemas del poeta y soldado inglés Wilfred Owen, comandante de una compañía de fusileros que murió en combate en Francia en noviembre de 1918, siete días antes de la firma del Armisticio. Britten pretendía así aunar el simbolismo de la reconstrucción de la catedral destruída en la Segunda Guerra Mundial con el homenaje a las víctimas de la Primera. El uso de estos dos textos condicionó la gran complejidad de la obra y de su interpretación, para la que el compositor empleó diversos solistas, orquestas y coros:


El texto de la tradicional Misa de Requiem, que representa el dolor formal de la sociedad cristiana, es interpretado por una soprano solista, un gran coro y una orquesta sinfónica. Los poemas de Owen, que muestran el drama de los soldados atrapados en la guerra, los cantan dos soldados, uno inglés y otro alemán (un tenor y un barítono), junto a una orquesta de cámara, empleando Britten para ello una música mucho más íntima y personal. Por último, un coro infantil acompañado por un pequeño órgano, en la distancia, interviene cuando el texto habla de la muerte de los más jóvenes. Todos los efectivos de esta masa sinfónico-coral no confluyen hasta el final del último movimiento, donde se funden el último poema de Owen con la conclusión del Requiem. 


El propio autor escogió expresamente a tres cantantes de diferentes nacionalidades para los papeles solistas con la intención de representar la reconciliación tras la guerra. El tenor inglés elegido fue Peter Pears, el barítono fue el alemán Dietrich Fischer-Dieskau y para el papel femenino eligió a la soprano rusa Galina Vishnevskaya, esposa de su gran amigo el violonchelista Mstislav Rostropovich. Pero Vishnevskaya recibió la prohibición de participar de la ministra soviética de Cultura, Ekaterina Furtseva, que le reprochó que una mujer soviética pudiera interpretar una obra “política” junto a un inglés y un alemán, según contó Vishnevskaya en sus memorias. Una carta de Britten y las influencias de Rostropovich no sirvieron de nada, y tuvo que ser reemplazada poco antes del estreno. Un año más tarde Britten logró hacer realidad el sueño de que Vishnévskaya se uniera a los otros intérpretes en la grabación de la obra para el sello DECCA.




A la izquierda, los restos de la catedral gótica y a la derecha, l
a nueva catedral de San Miguel de Conventry. Foto de Kevin Croucher





Britten añadió estos versos de Owen a la portada de la partitura:


Mi tema es la guerra y el dolor de la guerra. 

La Poesía está en el dolor... 

Todo lo que un poeta puede hacer hoy en día es advertir.


El Requiem de Guerra pretende simbolizar la victoria de los valores de la paz y de la reconciliación sobre los de la guerra y la destrucción. Poetas como Owen, músicos como Britten, artistas diversos de distintas épocas y lugares, nos advierten sobre el dolor y las consecuencias de la guerra y de cualquier tipo de confrontación, pero la sociedad no hace sino ignorar sus advertencias. Porque, como en otras épocas y lugares, para nuestros líderes sigue siendo más importante, en su beneficio, resaltar lo que nos separa antes que apreciar lo mucho que nos une.






Ilustración musical:

Benjamin Britten. War Requiem

London Symphony Orchestra. 

London Symphony Chorus, BBC Symphony Chorus y coro de niños Tiffin. 

Natalya Romaniw, soprano. 

Allan Clayton, tenor. 

Will Liverman, barítono. 

Director: Antonio Pappano. 


London Proms 2024. Royal Albert Hall de Londres.



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