CLASES DE. LENGUA Y LITERATURA, Las funciones del lenguaje, por Santiago Delgado



          Karl Bühler fue uno de esos alemanes nacidos para dar envidia o miedo al resto del mundo. Fulgió en la primera mitad del siglo pasado, y dio en elucubrar sobre las cosas del lenguaje o comunicación hablada entre humanos. O sea, ver los problemas con objetividad prístina y pura. Así las cosas, enunció lo que se llamaron, a partir de él, Funciones del Lenguaje; a saber: Apelación, referenciación y expresión. Yo sé poner todo eso en alemán, pero me abstengo por mera vanidad. Así que finjo no saberlo, y paso por humilde, y gozo esa suprema vanidad que es la falsa ignorancia o humilitas en latín dicho. ¿Estamos en lo que es?

          Bueno, para explicar las tres funciones, vayamos a un ejemplo: “¡Nene, estáte quieto ya, coño!”. Lo han pillao, seguro. Bien, si nos preguntan por el análisis sintáctico de ese enunciado, hay que restringirse al “estáte quieto ya”. Analicen ustedes mismos. La sintaxis alude exclusivamente a la referenciación, que hemos dicho.

          El “nene”, del principio es Función Apelativa; la que sirve para llamar la atención del hablante al que nos dirigimos; el vocativo de toda la vida. Pero que no es función sintáctica. Se halla fuera de la jurisdicción sintáctica. Como el tocar al timbre no es parte de lo que queremos decir al dueño del piso de dicho timbre.

          Y el “coño”, con perdón, es de la Función Expresiva. Es una imprecación que no busca comunicación de contenido, sino liberación personal del hablante. O sea, no es referencialmente objetiva de ninguna realidad externa al sujeto enunciador.

          Luego, epígonos emuladores “descubrieron” otras funciones del lenguaje. Yo me las aprendí por si salían en el examen, pero nunca creí en ellas. Búsquenlas quienes quieran nota.

          Así que, uno: llamar al escuchante; dos, soltarle el rollo pertinente, tres, expandir el alma para bien o para mal.

          ¿Lo han pillao?

          Recojan, salgan en orden, y libérense de neuras y manías una vez fuera, en el recreo.


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