CUENTOS PARA LEER DOS VECES, ¿Nunca has sido otro?, por Pedro H. Martínez








No había dormido casi nada, al levantarme mi cuerpo pesaba como si estuviera dentro de un traje de astronauta. Sé que muchos no sabrán lo que es, pero les aseguro que es una sensación extraña y muy angustiosa, el cuerpo es como si no fuera tuyo, como si se te echara encima del alma, la sensación de hundimiento, de aplastamiento contra el suelo, de miseria muscular.


Miré hacia la ventana, estaba abierta, la luz entraba disimulando, apenas eran las siete y dos minutos de la mañana. Volví la vista hacia mi mujer, no había nadie. Recordé que no estaba en casa, que estaba en un hotel, lejos de casa. 


Me asomé a la ventana, y en la calle no se veía a nadie, dos coches aparcados frente a la cafetería justo al lado de una gasolinera y un camión que portaba un gran remolque en el que se leía la inscripción “MHS”, era la empresa para la que trabajaba. Estaba cerca del puerto, debía subir a un buque de mi empresa para comprobar el estado de los caladeros. En mi mesilla, había una botella de whisky, me extraño, primero porque no me gusta beber cuando estoy solo, y segundo porque no bebo cualquier clase de whisky, y aquella botella tenía pinta de haber sido comprada en cualquier lugar de carretera. De pronto, me asaltó una duda, ¿cómo había llegado allí? Todo encajaba, pero el whisky no, y yo tampoco. Sé dónde estaba, conocía el hotel, pero no recordaba haber llegado el día anterior. El día anterior… estuve… no podía recordar nada. 


El cuerpo iba recordando su movilidad, al tiempo que me invadían unas enormes ganas de vomitar, salí lo más acelerado que pude hacia el baño, pero no llegué al retrete, arrojé todo lo que estaba en mi estómago sobre el pie de ducha. Un sudor frio me invadió, me di cuenta que estaba desnudo, el espejo devolvió mi imagen y me asusté, no me reconocí. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién era el tipo del espejo? Volví a vomitar, esta vez sobre el lavabo, el olor era insoportable. 


Volví a la habitación, me fui fijando en pequeñas cosas, como la ropa de cama de aquel lugar, eran espantosas, no es que sea meticuloso, pero no suelo dormir en cualquier lugar, pero conocía el hotel, y eso no me tranquilizaba. Miré mis manos, mis antebrazos, mis piernas, no eran las mías. Me senté en la cama y tapé mis ojos con las manos, debía ser una pesadilla. “Debes dormir, debes dormir”, me decía. Traté de relajarme sobre la cama nuevamente, debía ser un sueño. Necesitaba que fuera un mal sueño. De repente, recordé quien era yo, soy uno de los ingenieros de MHS, y estoy realizando una investigación sobre la influencia de los vórtices marinos en el peso en los salmones y los bacalaos. Vórtices marinos que se producen desde hace un tiempo y de manera muy recurrente en aguas noruegas, el choque de corrientes de diferentes temperaturas origina el vórtice marino. Mi cabeza fue quedándose en los remolinos marinos, en el mar y me dormí.


Alguien tocó la puerta, miré el reloj del móvil, eran casi las nueve, me levanté, abrí la puerta con cuidado, y un señor me indicó que en una hora nuestro coche saldría hacia el puerto. Entré en el baño, me duché, me vestí, metí mis cosas en un enorme macuto/mochila, ropa usada, el ordenador, bolsa de aseo… Y salí al pasillo, debía viajar a la planta inferior, donde estaba la sala de desayunos, el ascensor estaba al fondo, un hombre esperaba que se abriera, la luz me devolvía una imagen en negro de su figura, se abrió la puerta del ascensor y el hombre entró, yo estaba cerca, así que corrí para cogerlo. Las puertas se cerraban cuando puse mis manos en ellas, el hombre me ayudó a abrirlas pulsando el botón de apertura, cuando entré miré al hombre y le agradecí el gesto. 


Nos quedamos ambos inmóviles, quietos, asombrados. Era el hombre del espejo, el que vomitó, el que puso sus manos en mis ojos. Comprobé en su mirada que probablemente yo también había sido él. No nos dijimos palabra alguna. Solo nos miramos con recelo y sorpresa. Es la primera vez que cuento esta experiencia, pero seguro que no he sido el único que ha sufrido o tenido una experiencia así. ¿Y tú?, ¿nunca has sido otro?




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