Carta enviada, por Concha Lavella




Querido Miguel:


Ya sé que es algo tarde.
Que han pasado largos años desde que te marchaste.
Que no pudiste ver crecer a tu hijo.
Ni seguir amándola a ella, Josefina Manresa.
 
Que no conseguiste salir.

Ni librar esa batalla que nos hubiera llevado a la libertad y a una España nueva.
 
Ya, ya lo sé.
Te escribo desde ese futuro que llegó.
Y llegó algo demasiado tarde.
Sin embargo, aquí estoy, sentada en esta piedra. Ahora. Sola.
 
Te recuerdo a ti y a tu pequeño.
Y tú con esas manos y esa mirada.
 
Qué te puedo contar en este tiempo, rodeados de flores y canto.
También de guerras y de crímenes sin que nadie remedie nada.
 
Que este país vaya hacia el mar.
Esa es la cuestión.
 
Los que deben hacer justicia no la hacen.

Te pregunto a ti, poeta,
que qué hacemos.
Las hojas de los árboles hermosean de verdes.

Querido Miguel:
Esta España ha cambiado mucho.
La gente va como puede, a veces de forma muy precaria.
Otros, como siempre, van sobrados, allá van con su porte.

A mí me quedan pocas cosas que contarte.
Te miro y te vuelvo a mirar, ahí en la celda, hecho un ovillo, y lloro.



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