8 M. Por la igualdad, por Charo Guarino





Mientras esbozo estas palabras, con el alma traspasada de emociones contradictorias, se asoma a la pantalla, fugaz, el anuncio de que Irán suspende los bombardeos. Ignoro la noticia. NO quiero leer más al respecto. Me supera el dolor del mundo entero en estos días ominosos en que pienso que mi mano derecha me ha venido literalmente al rescate proporcionándome un pequeño oasis donde procurar el descanso o al menos un pequeño alivio a mi mente, confusa por acontecimientos personales que seguramente difieren en poco de los que experimentan o han experimentado muchísimas de las personas que me rodean, anónimas o conocidas, a quienes mi indiferencia ha podido herir al no advertir su herida particular. Como ahora me siento herida yo. Es triste sentir esa soledad en ciertos momentos, por más que tratemos de focalizarnos en lo bueno que también sin duda disfrutamos. Una soledad con la que a fin de cuentas llegamos a este mundo y nos vamos de él, incluso cuando podemos estar rodeados de multitudes.


La clausura del ciclo Femenino Plural, con cuatro eventos esta semana, en que se conmemora un año más el día internacional de la mujer, desde aquel fatídico 8 de marzo de 1975, me tiene especialmente removida. Porque la injusticia me puede, pero de un modo especial me pueden la violencia, en la que últimamente parece sumido el mundo, y la discriminación, que es una de las formas de violencia que se ejercen a cada instante contra la mujer.  


En tiempo récord, el que va del 26 de noviembre al 31 de diciembre, reuní 146+3 voces comprometidas con esto último. Para que nunca nadie. Y ha coincidido con mi baja médica la presentación del libro, el recital con el que el viernes concluimos en El Sur, con broche de oro en el espacio proporcionado generosamente por Israel Flores, filósofo y amante de la cultura. Fue un auténtico regalo que recibo como lluvia mansa que cae sobre la tierra y la fecunda. 









El lunes inició la semana Lola López Mondéjar, prestigiosa y reconocida psicoanalista y escritora murciana, con una ponencia que fue seguida por un público numeroso y entusiasta, en la que transitó por su propia experiencia personal y narrativa tomando como referencia las Medeas de Eurípides y Séneca (la que escribió Ovidio no nos ha llegado) y la Lolita de Nabokov. El viernes fue la poeta Josefa Parra, directora de la Fundación Caballero Bonald, la que nos concedió el refugió de su poesía intimista y delicada, situando en el centro el poder de la palabra y de su capacidad para nombrar y evocar. Estos regalos enmarcaron la presentación del libro mencionado, que contó con el abrigo de la música, el idioma del alma, interpretada por la magnífica pianista Pilar Valero Abril. El azar, como acostumbramos a llamar a las manifestaciones de la confabulación estelar que de tanto en tanto se dan de una forma aparentemente sorpresiva cuando probablemente respondan a algún plan desconocido para el común de los mortales, hizo que dos jóvenes músicas, estudiantes además del Grado de Lengua y Literatura española de la Universidad de Murcia, Amal y Lidia, dirigieran sus pasos al salón de actos del Museo de la Universidad de Murcia con la intención de dejarse seducir por la belleza de la palabra poética en boca de Josefa Parra. Amal entró en el salón con su cello a las espaldas, y no dudé en preguntarle si podría interpretar una pieza para abrir el acto con la solemnidad que la música siempre aporta, y me encontré con un regalo inesperado en una tarde lluviosa de principios de marzo: el piano de cola que dormía en el centro del escenario, silencioso y solo, cobró vida en las manos prodigiosas de Lidia Franco Castillo, mientras el cello hablaba respondiendo a la caricia de Amal Khamkhami. De allí nos trasladamos al Café-Bar El Sur, donde Amal nos regaló una vez más, en esta ocasión en solitario, las melodías de Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna, y anónima canción popular mejicana La Llorona, respectivamente. La lectura de una docena de los participantes en el libro llenó el local de palabras de reivindicación que no han de reservarse a un único día, sino que deben seguir pronunciándose sin desmayo, para concienciación de quienes no comprenden su alcance y para que nadie se sienta solo e incomprendido, ni expuesto al maltrato, y tenga fuerza para decir basta e iniciar el camino que le conduzca al final de situaciones que a veces parecen no tener salida.


Para que nunca nadie. Contra la violencia hacia la mujer en cualquiera de sus formas. Por la igualdad entre todos los seres humanos.


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