A Fátima ayer escribía, por Concha Lavella Clemares
A Fátima ayer escribí
No creáis que no voy a escribir relato.
El relato me escribe a mí y yo le contesto.
Mi carta es una carta de Navegación al mundo.
Mis huesos.
Mis húmeros, radios, cráneo y cientos
de milenios de evolución de la especie
llevan mi equipaje.
Suelto la calderilla del engaño,
se esparce entre los que miran mi caída.
No pretendo convencer al tacaño de los sellos
pegados con saliva
en el sobre de las cartas robadas.
Sí a los que sueñan con salvar
aunque sea tan sólo una vida.
Tropiezo mil veces en esa esquina
del cajón abierto que guarda las fotografías
de aquellos que ya no me aman.
El agua de mis lágrimas que cabe toda
en esa mano antigua de la abuela…
Creo que si miro el mar
en el cauce de un silbido de gorrión
su grito resquebraja mi alma.
El grito de madre con su niño sin vida.
Gaza
Ya no hay motivo para no cruzar esa línea
que separa mi paso de tu dolor.
Siente mi abrazo querida Fátima.
Ahora rezo yo también el Corán en señal
de los muertos sin enterrar.
Aprenderé vuestra oración de duelo.
Ahora respiro por ayudar a reconquistar
vuestra Tierra que forma parte
del Universo.

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