LOS SONIDOS Y EL TIEMPO, Paderewski, por Gabriel Lauret








Hace pocos días se estrenaba en nuestro país “Torrente Presidente”, una película  en la que un ser abyecto, ruin y despreciable alcanza el puesto más alto de gobierno de nuestro país. Pensemos en algo todavía peor. ¿Podría un músico llegar a ser presidente del Gobierno de España? Probablemente muchos de ustedes desconozcan la carrera o la dedicación anterior, si la tuvieron, de nuestros gobernantes, del presente y del pasado, pero creo que sería algo sonado. Bromas aparte, hoy les hablaré de un personaje extraordinario, uno de los mejores pianistas de la historia, que llegó a ser primer ministro de un país en cuya independencia también jugó un papel fundamental. 


Durante el siglo XIX Polonia estaba repartida entre Rusia, la mayor parte, Prusia y Austria. En la sociedad polaca surgió un movimiento que pretendía preservar su lengua y su cultura así como promover el desarrollo económico para una futura independencia. Pilares de la identidad nacional eran la religión católica y también la música, con Frédéric Chopin como estandarte. Este sentimiento nacionalista alimentó el Levantamiento de 1863, que acabó en derrota y con el fin de la escasa autonomía que gozaba.

 

Ignacy Jan Paderewski nació en 1860. Fue educado por unos familiares ya que con pocos meses quedó huérfano de madre y su padre, administrador de grandes propiedades, fue encarcelado por las revueltas del 63, antes de que falleciera prematuramente. Paderewski estudió en el Instituto de Música de Varsovia donde, tras graduarse, fue profesor de cursos inferiores. En 1880, se casó con una compañera, Antonina Korsakówna, y al año siguiente nació su hijo Alfred con una grave discapacidad. Antonina murió como consecuencia del parto, por lo que Paderewski dejó a su hijo al cuidado de unos amigos para ampliar su formación en Berlín. Allí Anton Rubinstein le dio el estímulo necesario para proseguir la carrera de pianista y compositor. En 1884 conoció a la actriz Helena Modjeska, también ligada a movimientos independentistas, que fue determinante en su carrera ya que consiguió fondos para que Paderewski pudiera trasladarse a Viena para estudiar con Theodor Leschetizky, alumno de Czerny, que su vez lo había sido de Beethoven.


A partir de su debut en Viena en 1887, comenzó una serie imparable de éxitos que continuó en París, Londres y con una maratoniana gira de conciertos por Estados Unidos en 1891, patrocinada como campaña de marketing por Steinway and Sons, la empresa constructora de pianos, en la que realizó 107 actuaciones en 117 días. Paderewski tenía un enorme atractivo debido a su presencia escénica, casi hipnótica, su melena característica y su forma apasionada de ejecutar el repertorio romántico. Fue intérprete destacado de Chopin, Liszt y Beethoven, y sus giras generaban una expectación sin precedentes. Según el testimonio de músicos y críticos, era un pianista extraordinariamente imaginativo, aunque criticado por su excesiva libertad interpretativa. Ganó una enorme fortuna y alcanzó un nivel de popularidad enorme.


Paderewski había dejado a su hijo en manos del matrimonio formado por el violinista Władysław Górski y Helena Gorska, baronesa von Rosen por nacimiento, que se convirtió en una madre adoptiva para Alfred. La relación entre Helena e Ignacy pasó de la amistad al amor, como quedó reflejado en 200 cartas en las que el tono se fue haciendo cada vez más íntimo y apasionado. Tras conseguir la anulación, se casaron en 1899 y se establecieron en Morges (Suiza).


Desde la última década del siglo XIX Paderewski comenzó una enorme labor filantrópica patrocinando concursos, becas para estudiantes o monumentos en recuerdo de músicos destacados, como Debussy, Liszt, Beethoven o Chopin. En 1910, erigió otro en Cracovia para conmemorar el 500 aniversario de la Batalla de Grunwald. Su discurso a la multitud que asistió a la inauguración demostró que era tan hábil para emocionar y entusiasmar a la gente con la palabra como con su música. Para afrontar estos gastos y mantener su altísimo nivel de vida, Paderewski tuvo que afrontar un calendario de conciertos extenuante que mermó su salud; el agotamiento físico y nervioso provocó que tuviera que interrumpir su actividad. El ritmo frenético dificultó su dedicación a la composición, que puso fin en la primera década del siglo XX. De su obra se puede destacar su excelente Concierto para piano, su  ópera Manru y su Sinfonía “Polonia”. Manru fue estrenada en Dresde en 1901 y el prestigio de Paderewski permitió que se representara en importantes capitales europeas o en el Metropolitan de Nueva York.


Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Paderewski abandonó las giras para dedicarse a la actividad diplomática y recaudar fondos para la causa nacionalista. Su mediación fue esencial para que Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos, reclamara la existencia de una Polonia libre en sus famosos Catorce Puntos. El 11 de noviembre de 1918, el Día del Armisticio, fue también el día de la independencia de Polonia. El Presidente del nuevo estado, Józef Piłsudski, nombró en enero de 1919 a Paderewski Primer Ministro y Ministro de Asuntos Exteriores, quien participó en la Conferencia de Paz de París y firmó el Tratado de Versalles que puso fin a la guerra. Paderewski permaneció diez meses en el gobierno y consiguió que hubiera elecciones democráticas, un sistema de educación pública y una legislación para proteger a las minorías étnicas. Pero demostró que era un mal político y un mal gestor, por lo que renunció al gobierno, aunque siguió ligado a la actividad pública.






 Ignacy Jan Paderewski. ca. 1894. Autor Anónimo. 

Fuente: Modern Musicians de J. Cuthbert Hadden. Editor: T.N.Foulis, 1913


En 1922 regresó a la vida musical. Paderewski consiguió un éxito enorme en su primer concierto en el Carnegie Hall, llenó el Madison Square Garden con más de 16.000 espectadores y dio infinidad de conciertos en los Estados Unidos viajando en un vagón de tren privado. La muerte de Helena en 1934 fue un golpe devastador, ya que era su compañera, su administradora y su apoyo incondicional en actividades filantrópicas y políticas.


El 1 de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia, desencadenante de la Segunda Guerra Mundial y motivo de que Paderewski, casi con ochenta años, regresara a la política. Se convirtió en el jefe del Consejo Nacional de Polonia, el parlamento polaco en el exilio en Londres. Nuevamente regresó a Estados Unidos en busca de ayuda para Europa. En 1941, con ocasión del 50 aniversario de su primera gira americana, se organizó la “Semana Paderewski” en numerosas ciudades estadounidenses, como homenaje a su arte y a su labor humanitaria, celebrándose mas de 6000 conciertos en su honor. La editorial Boosey & Hawkes preparó un “Homenaje a Paderewski”, con obras para piano de 17 compositores, algunos tan notables como Béla Bartók, Benjamin Britten, Bohuslav Martinů, Darius Milhaud o el hispano-cubano Joaquín Nin-Culmell.


Pero Paderewski enfermó de neumonía a comienzos del verano de 1941 y murió el 29 de junio en un hotel de Nueva York. Recibió funerales de estado y fue sepultado en el Cementerio de Arlington, aunque sus restos, tras la caída del bloque soviético, fueron trasladados a Varsovia en 1992 y depositados en la Catedral de San Juan, donde descansan junto a otras importantes personalidades de la historia de Polonia. El “Homenaje a Paderewski” fue publicado a título póstumo en 1942.


La vida de Ignacy Jan Paderewski es un ejemplo de cómo el prestigio artístico puede convertirse en una herramienta poderosa de influencia política y diplomática, y también de cómo poner la fortuna personal obtenida con la música al servicio de causas justas.









Ilustraciones musicales:


I. J. Paderewski. Concierto para piano y orquesta Op. 17. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Rubén Micieli, piano. Salvador Brotons, director.


F. Liszt. Rapsodia húngara nº 2. I. J. Paderewski, piano















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