CLASE DE LENGUA Y LITERATURA. De cárceles y presidios, por Santiago Delgado
Si afinamos bien, la idea de la existencia de los sinónimos es pura idealidad o utopía. No hay dos sinónimos perfectamente equivalentes. En cualquier pareja que encontremos, uno de ellos será culto, y el otro no, cuando menos. Y esa diferencia marcará la expresión del hablante. Por no hablar de la recepción del mensaje, que ésa es otra. A veces, expresión y precepción coinciden; pero es muy raro. Con todo, la Lengua es ancha y varia, y algún ejemplo habrá por ahí que me desdiga. Laus Deo.
Bueno, pues viene este exordio a cuento del par de vocablos (ve: vocablo, culto; palabra, común o vulgar) que aparece en el título. Hoy se muestran, en una medida más que razonable, como sinónimos; pero no lo son del todo. Presidio nos suena más duro y grave que cárcel. Ir a un presidio es acudir a un “irás y no volverás”, de la cárcel se sale con permisos de finde y esas cosas.
Y es que, en un principio, presidio era un puesto militar, avanzado, para ver de ensanchar el limes de la potencia que lo perpetraba. Y, aquí, nos encontramos con otra pareja: limes y frontera. Limes, que acaso haya que escribirlo en cursiva, pues es latín (limes), era un concepto impreciso. Por ahí, más o menos, llegaba el limes romano; por el Rhin o así. El concepto de frontera es del belicoso siglo XIX, que ya establece línea precisa entre las naciones. Por cierto, es un proceso que aún no ha acabado; véase Ucrania. Y ahí lo dejo.
Presidio viene de la palabra compuesta praesidium, a la que aún podemos encontrarle padre y madre: prae-sitium. O sea, traducido a lo nuestro de hoy: sitio avanzado, militarmente, se entiende. Uno pone un praesidium en tierra de nadie, y al cabo de un tiempo muy indefinido, se ha ganado todo el territorio desde la última colonia/ciudad hasta el presidio.
Ocurrió, que, con el tiempo, aparecen criminales de mucha competitividad en lo suyo. Y los barandas no se fían de los calabozos (que, oye, es otra palabra a meter en este saco, pero será otro día), y se acuerdan de que, en tierras lueñes, hoy de nadie, hay un presidio, que aún goza, en exclusiva, de la significación militar. Y se dicen: “Allí, bien lejos y custodiados por militares, mandamos a estos facinerosos, a cumplir su pena, completita”. Y, nada, que dan en esa costumbre, y el presidio, de ser puesto avanzado pasó a ser cárcel lejana de seguridad extrema. Y así nos ha llegado.
Por cierto, los Fort Apache, Fort Bravo del Oeste Americano, no otra cosa eran sino presidios con los que los depredadores yanquis ganaban terreno y terreno en el Middle West, en tierras de los Apaches y los Sioux: eran puestos avanzados del genocidio con los naturales de aquella geografía.
Venga, salgan al recreo a zamparse el bocata de mortadela en el contaminante aluminio envuelto. La clase ha terminado.

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