CUADERNO DE NAUFRAGIOS, I. Dias de epílogo, por Vicente Llamas
Habitamos un tiempo macilento de transparentes pasiones y moradas impuras; custodiamos formas inacabadas, abolidos límites de herrumbre, saciados de penumbra, plácidamente instalados en una víspera hueca en la que resuenan, como en un sonajero, verdades desfiguradas, el caótico mapa de prodigios de un prolongado e invisible exilio, tan dulce que nada allí incita a la rebeldía. Todo en el aire es pájaro o eco, nada divino. Tensa y silenciosa, la luz no rehace dramas ínfimos, destruye desoladas quimeras, y el retorno a la noche sin muros es la súbita inversión del horror.
Profesamos cotidianas devociones a dóciles realidades bajo cielos ya vencidos. "El mañana se arrastra con paso mezquino hasta la sílaba final del tiempo escrito", lleno del ruido y la furia que presagiara Macbeth y los Compson abrazaran con premonitorias e inconexas voces corrompidas (cinismo, incoherencias cronológicas, desarraigo ..., tendidos sobre la luz del pasado), miríadas de osadas voces periféricas proliferan sin cesar, reclamando la escena principal. El coro demanda el protagonismo de Antígona, reivindicando cada miembro dudosos méritos sobre un fondo de referencias devastadas. Su bullicioso insomnio sepultará las palabras más lúcidas, inaudibles en el tráfago de melodías y derrubios. La estación disolutiva de Warhol: cultura mediática masiva y productos en cadena, días de impostores ávidos de quince minutos de atención que acabarán buscando una memoria más amplia sin el menor atisbo objetivo de excelencia, ahogada en la sofística demolición de absolutos; el atroz relativismo, auras que sólo pueden lucir ante débiles aguas. Los espejos del pasado son demasiado 'aristocráticos' para reflejar tantos derechos de gloria.
Relegados a los desvanes, nos servimos de aguas más livianas, menos densas, un vasto e inextricable laberinto de espejos complacientes que acoge a todos. La lógica promiscua y cainita de la mediocridad conjura masas: la misma posteridad parecen concitar la deliciosa palidez nostálgica de Yesterday o la vibrante Behind blue eyes que el solemne Réquiem en Re menor o la Matthäus-Passion; la misma fascinación parecen ejercer la racionalista Casa Farnsworth y sus perfiles de acero, la paradoja de machine à habiter que pueda ser la Villa Savoye, bello objeto autónomo posado sobre el paisaje, o la trama orgánica de bloques textiles de la neomaya Ennis House, que la catedral de Reims; el sereno Retrato de Inocencio X que el inquietante Estudio del Retrato de Inocencio X; la Canestra di frutta, los imperfectos frutos corrompidos y su oculto simbolismo, que las insulsas Campbell's Soup Cans, aun como sátira subversiva del consumismo y sus iconos estéticos; los círculos provincianos y hadales de las comedias humana y divina que los pilares de la tierra o la habitación cerrada en la que suena el ritmo azaroso de las últimas cosas entre oráculos y ciudades de cristal. Idéntica admiración parecen despertar la microvisión de la especializada y colectivista ciencia actual, subsidiada por la tecnología, que la weltanschauung del solitario científico moderno (sin duda, el rendimiento de la ciencia actual es mayor, una frenética espiral de hallazgos: rebasada la hipersuperficie frontera de un agujero negro, la velocidad de escape supera la de la luz, y en las proximidades del horizonte de sucesos, el tiempo, deformado por la gravedad, se dilata, una vertiginosa cadencia de eventos en la zona de aceleración relativista de ese sumidero inexorable del espacio - tiempo que todo lo engulle, nuestra época) ... ¿Cuánto hemos tenido que perder para ganar lo que hayamos ganado? ¿Qué inventario de orfandad o qué régimen de olvido forjan nuestros días? La laxitud del tiempo del epílogo se extenderá a los clásicos que genere, atentando contra un canon inviolable de universalidad: la obra de creación debe explicarse a sí misma sin relatos auxiliares que únicamente empañan su auténtico valor o disimulan su pobreza.
Adviene la ética de consensos, moral minimalista del πάθημα, la emoción pasiva (propaganda, manipulación, acción demagógica, ahechan la fábula de un poder legítimamente estatuido por la voluntad popular que siembra deseos mistificados por hipnopedia, crea falsas necesidades cómodamente satisfechas con las que paliar el vacío nouménico o sofocar el ansia de existencia ilimitada, ...): desmoronamiento del nooúmenon, arrasado por una fuerza ciega que insta a la existencia, impulso vital que lo transfigura en τρóφημα o en πάθημα al servicio de la lógica sonámbula de la emoción (deriva trófico - irracional del noúmeno). Los referentes absolutos han sido abatidos, desplomados en la memoria opaca de un yo inconstante, desechada la razón de ensidad: la incognoscibilidad del noúmeno abre cauce, tras su estética sacralización (das Heilige), a la introspección como vía de acceso cognitivo esencial al yo, identificado con un difuso principio metafísico de agitación sombría y oscura, alejada de incisos de inteligibilidad inmediata, cuya objetivación se presenta en la naturaleza en forma de Wille zum Leben: la voluntad deja de ser una estricta facultad psíquica, convertida en metafísica Wesen cuyo correlato sensible sería el mundo fenoménico (el teatro empírico que anunciara Kant, complejo mosaico de apariencias de existencia y nexos objetivados por representación, es declarado expresión de una voluntad, las leyes empíricas son sus prescripciones y la materia su efecto, nunca un fundamento).
Sísifo se ha desprendido del fatigoso lastre del absoluto, su abrumadora carga, muerta heredad de la piedra en la que están cifrados los arcanos, para danzar, ágil y complacido, en la cumbre, sin retornar jamás al inframundo. Una sombra de melancolía le asalta, no inductivas razones de fe ante señales de transcendencia (el noúmeno no es el "rumor de ángeles" que trenza aspiraciones y temores en la conciencia secularizada que dibuja Berger, es un ideal práctico que eleva la experiencia más allá de la inducción de signos somáticos de transcendencia por universal regencia a priori sobre la conducta, la figuración racional que brota del anhelo más profundo, algo que el hombre se concede a sí mismo en su ensueño de inmortalidad). ¿Qué viaje le aguarda tras la renuncia a la catábasis? ¿Qué suerte de destino le depara la moral periférica y la asincrónica danza de referencias no inerciales?
No hay verdadera libertad externa a un marco ético presidido por universalia ante rem sensibilem vislumbrados en completo desasimiento empírico por individuos aquiescentes. La libertad como signo franco de acción civil en un marco puramente jurídico de relación entre ciudadanos, sin ese compromiso ético basal, se adultera (la corruptissima republica que denunciara Tácito, en agónica desfiguración ética, disfruta de infinidad de leyes): sólo la libertad nouménica procura la dignidad racional más allá del hábito ontológico o el civil que encalla al individuo en un orden jurídico internamente matizado por códigos deontológicos de conducta (δέον + ὄντος, genitivo de ὤν, participio presente de εἰμί), invocando a la persona, apelando a su autonomía volitiva, deferida a universales prácticos apriorizados.
Agostada la savia ética en el organismo legal, recluido el individuo en una urbe global que no deja espacios de disidencia, prisionero de su indumento civil (ciudadano -civis-, contribuyente, más clamoroso acreedor de derechos -ius- o resignado aceptor de normas -νόμος- en un espacio severamente reglado que esforzado custodio de valores -άξιος-), los caducos anatemas de la decadente moral antinatural (prójimo, culpa, perdón, ...) han sido exorcizados en una abrupta maniobra de asalto nominal a la realidad humana que no la reinventa, la recodifica más sofisticadamente por microvisión (explosión de disgregantes ontologías regionales), promoviendo una moral dionisíaca de hiperbóreos sonámbulos: el demacrado rostro próximo se deshace, borrosos sus rasgos, en una aséptica solidaridad remota y mediatizada que ahorra el hedor de la miseria (conmovedoras causas lejanas con que aliviar la conciencia de los propios privilegios); la culpa (textura ética -ἔθος-, eludida en sinuosas rutas exculpatorias, estratagemas de la contemporánea psicopedagogía que avenan las aguas oscuras al entorno) palidece, bajo la mitigada tonalidad de la culpabilidad (textura jurídica) que compele a la reparación como trance social, no invita tanto a la auscultación y la κάθαρσις; el perdón, en fin, demuda, arropado en mil fórmulas transustanciales (reinserción, presunción de inocencia, expiación, retribución a víctimas, ...). Tiempo de epílogo.
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