UN INSTANTE A TU LADO, por Isabel María Abellán



Esta noche he soñado a mi padre vivo, estaba junto a mi abuelo y, a su lado, mi prima mayor.

Yo entraba en el taller donde estaban reparando mi coche. El primer coche que tuve se rompía cada dos por tres.

Mi padre estaba allí y se estaba riendo de algo que le había dicho mi abuelo. Los dos estaban en la plenitud de sus vidas.

Al verme llegar mi padre me riñó con cariño por esos pelos desastrados que llevaba sobre la cabeza, mis rizos rebeldes.

“Tú antes ibas más arregladita”

Y era verdad.

En el sueño yo intentaba explicarle que me había peinado, pero que aún así no había remedio.

El encargado del taller llegaba en ese momento y nos decía que el coche ya estaba arreglado. Yo cogía mis llaves y me sentaba al volante para ponerlo en marcha, pero mi padre, tan jovial como era entonces, y como lo fue hasta el último suspiro, me decía:

“Anda, déjame conducir a mí.”

En el sueño yo lo miraba un poco cariacontecida.

“Cómo te gusta conducir papá”.

Y en ese momento he despertado.

Era aún de noche. Sabía que todo había sido un sueño, pero estaba tranquila, lo había vuelto a ver, y no sólo a él, también a mi abuelo, tan bromista siempre. Desde la única vez que mi abuelo nos llevó a los toros a mi hermana y a mí cuando yo tendría unos cinco años, siempre me llamó “la niña sopita” y fue porque me pasé toda la corrida llorando.

“Le están haciendo daño”. Le decía a mi abuelo.

Al final, mi padre y mi abuelo nos cogieron de la mano a mi hermana, que también lloraba desconsolada, y a mí, y nos marchamos de la plaza de toros antes de que la corrida llegara a su fin.

Mi abuelo iba diciendo:

“A esta niña sopita no se la puede llevar a estos sitios”.

Yo creo que era un reproche.

Pero qué alivio salir de allí.

Cuando me he despertado he intentado calcular, sin mirar la hora, cuánto quedaba para amanecer, no estaba inquieta, ni triste, sin embargo, ya no podía volver a dormir, recordaba el sueño. Al rato largo he abierto el cajón de la mesilla de noche y he partido con los dientes media pastilla de las que me mandó la doctora para cuando en mitad de algún momento del día o de la noche, mi padre me viniera a visitar.



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