PUNTO DE FUGA. Vivir para aprender, por Charo Guarino
'γηράσκω δ᾿αἰεὶ πολλὰ διδασκόμενος'. Se atribuye a Solón, uno de los siete sabios de la Antigüedad, esta reflexión que podríamos traducir como "Envejezco sin dejar de aprender muchas cosas".
La experiencia nos hace menos ignorantes, y la vida es una gran maestra, que nos va enseñando cada día, si nos mantenemos atentos. Cuando somos niños todo es pura sorpresa, en la juventud pensamos que estrenamos el mundo y no nos sirven los consejos ni advertencias de nuestros mayores, pero conforme vamos cumpliendo años cobran pleno sentido las palabras de nuestros padres y maestros, y es entonces cuando nosotros tomamos el relevo de aquellos que nos precedieron en el camino de la vida. Desearíamos evitar penas y desengaños a quienes queremos, incluso sufriéndolos de nuevo en carne propia, porque el dolor que padecen aquellos a quienes se ama es aún más lacerante que el que se nos inflige directamente, y sentimos que es responsabilidad nuestra protegerles.
La impotencia para poder aliviar angustias que nosotros mismos hemos vivido se convierte en una tortura. En momentos así tal vez conviene no dejar de creer en el amor y en su extraordinaria capacidad de sanación, incluso cuando es causa de dolor, porque deja de ser correspondido. Pero no hay que perder de vista el hecho de que el amor es —o debería ser— nuestro destino. Nada más grande que el amor. Nient’altro (nada más), tal como bellamente recoge de forma insistente al final de este precioso poema ('Bambina mia') la poeta italiana Mariangela Gualtieri:
Bambina mia,
Per te avrei dato tutti i giardini
del mio regno, se fossi stata regina,
fino all'ultima rosa, fino all'ultima piuma.
Tutto il regno per te.
E invece ti lascio baracche e spine,
polveri pesanti su tutto lo scenario
battiti molto forti
palpebre cucite tutto intorno.
Ira nelle periferie della specie.
E al centro,
ira.
Ma tu non credere a chi dipinge l’umano
come una bestia zoppa e questo mondo
come una palla alla fine.
Non credere a chi tinge tutto di buio pesto e
di sangue. Lo fa perché è facile farlo.
Noi siamo solo confusi, credi.
Ma sentiamo. Sentiamo ancora.
Sentiamo ancora. Siamo ancora capaci
di amare qualcosa.
Ancora proviamo pietà.
Tocca a te, ora,
a te tocca la lavatura di queste croste
delle cortecce vive.
C’è splendore
in ogni cosa. Io l’ho visto.
Io ora lo vedo di più.
C’è splendore. Non avere paura.
Ciao faccia bella,
gioia più grande.
L’amore è il tuo destino.
Sempre. Nient’altro.
Nient’altro. Nient’altro.
En el día internacional del mago, quién tuviera una varita mágica para poder disipar el frío que deja la dolorosa sensación de abandono e instaurar en su lugar la calidez del amor perpetuo, mientras, irremediablemente, un nuevo enero se nos va para dejar paso otra vez a un febrero purificador, renovando la esperanza.


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