Aristides de Sousa Mendes, “Justo de las Naciones”, por Isabel María Abellan
En ocasiones suceden cosas que reconfortan y dan ánimo.
Esta historia es una de ellas.
En el año 1940 Aristides de Sousa Mendes estaba destinado en Burdeos como cónsul general de Portugal. Hasta mayo de ese año el Gobierno de Portugal había autorizado conceder visados de tránsito. Pero en junio de 1940 Francia capituló ante los alemanes y Portugal, gobernado en ese momento, y hasta 1974, por el dictador António de Oliveira de Salazar, prohibió el tránsito de refugiados, en particular judíos.
De Sousa salvó la vida de 30.000 refugiados,10.000 de ellos judíos, que se concentraban a las puertas del Consulado de Burdeos, y del de Bayona, pidiendo un visado para salir de Francia.
Esta mañana, dando vueltas por internet, me he encontrado con una página en la que se afirmaba que Aristides de Sousa Mendes no era el héroe que nos querían hacer creer, porque en ningún momento arriesgó su vida.
Por favor, seguid leyendo.
De Sousa decidió desobedecer a su gobierno y durante tres días y tres noches, ayudado por dos de sus hijos y por algunos judíos, sin descansar ni un minuto, estampó 1.575 visados. Cuando terminó, se desplomó agotado.
Su desobediencia le supuso un castigo. Dos hombres fueron enviados para llevarlo de regreso a Portugal. Pero al pasar por Bayona de Sousa vio a una multitud agolpada a las puertas del consulado. Otra vez decidió desobedecer. Ordenó al cónsul local que emitiera de inmediato visados a todos los solicitantes. Es más, él mismo fue añadiendo a cada visado lo siguiente:
“El Gobierno de Portugal solicita amablemente al Gobierno de España permitir al portador de este documento cruzar España libremente. El portador es un refugiado del conflicto en Europa y está en camino a Portugal”.
Pero de Sousa no se conformó con esto, él mismo acompañó a los refugiados hasta un puesto fronterizo español y se aseguró que lo cruzaran sin incidentes.
Cuando llegó a Lisboa fue juzgado por un tribunal disciplinario y despedido del Servicio Exterior. También fue obligado a jubilarse sin pensión.
Tenía 54 años. De sus catorce hijos, varios todavía dependían económicamente de él. Tuvo que malvenderlo todo.
Un nieto suyo cuenta:
“A mi abuelo sólo lo ayudó un fondo de caridad israelí que no daba mucho”
Comían porque tenía una cuenta abierta en una tienda de alimentos donde le fiaban. Pero cuando de Sousa falleció el dueño de la tienda reclamó ante el juzgado todo lo que le adeudaba la familia. El tendero se quedó con la casa. Los hijos emigraron a África y a EEUU.
En una ocasión le pidieron a de Sousa que explicara por qué actuó así. Él respondió:
“Si miles de judíos están sufriendo por un cristiano (Hitler), no hay duda que un cristiano puede sufrir por tantos judíos”.
El 18 de octubre de 1966 el Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá lo nombró Justo de las Naciones.
En su país no fue rehabilitado hasta 1988 y fue gracias a las presiones externas y al esfuerzo de sus hijos.
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