Qué va a ser de ti, por María Dolores Palazón Botella
Mal, esa es la primera palabra que le viene a la mente cuando abre los ojos. No ha dormido bien. La calor, así, en femenino para él, tiene la culpa de este mal cuerpo con el que más que levantarse, parece arrastrarse hasta el baño. Y eso que soy un privilegiado y tengo aire acondicionado, pero es que la calor me afecta mucho. Siempre ha sido así, por eso cuando escucha que estas altas temperaturas son causa del cambio climático en el que él no cree dice que son pamplinas de agoreros, que en el verano lo que tiene que hacer, como manda Dios, es calor y punto. Ya empezamos con la cantinela desde el minuto uno, esta no es manera de empezar el día, a ver si el agua fría me despeja un poco. El agua le cae en el cuerpo sin miramientos, sus músculos quieren hacerse con reservas de frío para aguantar otra larga jornada. Todo el mundo habla de las noches toledanas, esas que tienen un día entre medio, pero nadie ha puesto un nombre decente a los días interminables de trabajo. Sale de la ducha y mientras se seca ya echa de menos el agua fría sobre su cuerpo. Otra vez a sudar, no hay manera. Se mira en el espejo. A dónde irán los tres kilos que me dijeron ayer que se engordan en el verano. Su barriga es prominente, ahí no le interesan, sus brazos van ocultos con la camisa blanca de la marca de moda que limita el impacto del sudor y la retaguardia la tiene bien provista. Espero que vayan a las piernas, siempre las he tenido descompensadas con el resto del cuerpo.
Vestirse e ir al trabajo, eso es lo que tiene que hacer. Vendrán a buscarlo. Espero que Paco venga con el aire acondicionado a tope en el coche y que pise a fondo que ya vamos tarde. El desayuno será de trabajo. Con ello justifica una nueva demora en el seguimiento de la dieta sana. No está pensada para estas jornadas, si cada día estoy en un sitio, cómo me voy a llevar la licuadora y los frutos para los zumos esos verdes que quieren que me tome con cara de están riquísimos. No, los buenos hábitos no tienen cabida en su vida estos días. ¿Días? Realmente lleva semanas envuelto en giras kilométricas para pedir el voto entre sus vecinos. Algo oyó una vez del disputado voto del señor Cayo. Él no ha visto la película, tampoco sabe que es un libro de Delibes que todo político debería leer con interés en su vida, pero sabe que llenar urnas con votos a favor es una tarea que requiere de esfuerzo. De mucho esfuerzo, joder, que la gente lo ve todo fácil, no sabe lo que duelen los pies de tanto paseo, las manos de tanto apretón y la espalda de tanto golpe deseando la victoria. Realmente lleva unos meses muy duros. Así estoy, baldado.
Tanto esfuerzo todavía no ha dado resultados. Bueno, bueno, hemos ganado. Es cierto, pero no gobiernas. Todavía. También es cierto. Pero en unos días todo estará solucionado. Es verdad, lo has apostado todo a la próxima cita electoral a un todo o nada que también te quita el sueño. No lo voy a negar, entre la calor y esto apenas duermo. Pero solo lo puedes verbalizar ante los tuyos. Unos tuyos que son tu Dios y tus padres. Fuera debes mantener el discurso escrito. Tranquilidad, vamos a conseguirlo, se van a dar cuenta de su sinsentido y todo va a caer por su peso.
En días, horas, aunque conociendo tu amor por el deporte seguro que tienes hasta las milésimas contadas hasta el final de este largo partido electoral, el todo va a irnos bien que llevas tatuado en tu mente va a convertirse en realidad. Tiene que serlo, no me queda otra. Pero al pensarlo sientes un pequeño escalofrío. Cosas de pasar del calor al frío del coche. Este Paco no me falla. Porque si todo va según lo previsto: a quién vas a culpar de todo lo que te dicen que haces mal, a quién le vas a llevar la contraria continuamente, con quién te vas a pelear públicamente y le vas a soltar algún insulto programado por tus asesores de confianza. Si todo cambia ahora no podré culpar a los míos, tendré que asumir los problemas y buscar las soluciones. Te da miedo dejar de delegar la culpa. O peor aún: te da pánico afrontar los grandes retos que tienes por delante sin tener enfrente a alguien con quien estás en lucha permanente. Ahora tendré que decir que todo va mucho mejor. Aunque la financiación sea insuficiente, las infraestructuras prometidas no se acometan nunca o los recursos de tu territorio se vean mermados por decisiones externas. Si ello viene de tu color es bueno, si viene del contrario es malo malísimo. Eso es hacer política de altura.
Pero eso es mejor que fusionarte con los otros. Dios no lo quiera, ahí ya sí que voy a tener pesadillas. Si las cosas se torcieran, si el resultado no fuera el esperado y vaticinado por las encuestas seguirías siendo el ganador, pero tu rostro en la foto sería la del que recoge el premio de consolación. No estaría mal del todo. Aunque te meterían algún dedo en el ojo de vez en cuando. Pero todos tenemos cabida en la viña del señor.
De momento, vamos a desayunar y repasar la jornada con el grupo. Luego vendrán los últimos días, la jornada de reflexión y la espera de resultados. Pase lo que pase otros te dirán el camino a seguir. Tranquilo, ese qué va a ser de mí que te persigue en nada estará resuelto. Todas las opciones te las tienen trazadas. Tú solo tienes que defenderlas porque las palabras de ayer y de hoy se pueden cambiar mañana sin problemas. Confían en mí. Pues eso, relájate y disfruta. Todo está controlado. Gracias Paco, en 30 minutos vienes a recogerme.
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