CRONOPIOS. Morgana y de Morgan, por Rafael Hortal
Sofía era una chica muy tímida, la típica empollona admirada por los profesores, pero ridiculizada por sus compañeros de clase. Ahora, a sus 32 años, trabajaba en el departamento de desarrollos electrónicos para aeronaves de una prestigiosa empresa internacional. Su compañero Alfred era un apasionado de la música Goth Rock y Gothic Metal. Tenía el despacho lleno de posters de los míticos The Cure y Bauhaus, también del grupo Sex Felatum, ya que era el presidente de su club de fans. Sofía llevaba dos años soportando sus conversaciones de rock y sexo, sobre todo en el comedor de la empresa, cuando todos lo esquivaban para no oír siempre lo mismo, y la débil y complaciente Sofía aguantaba sus fantasías eróticas. A Alfred le daba morbo ruborizarla.
—Esta noche he tenido un sueño erótico, estaba en una orgía dentro de un mausoleo con los vampiros de la película El ansia, me estoy leyendo la novela, unas chicas con la cara pintada blanca y el cuerpo negro me hacían felaciones y después las penetraba.
—¡Qué original!
—¿A ti te gustaría participar en una orgía?
—¡Siempre estás igual! Ya te he dicho mil veces que no.
—Pero Sofi, debajo de esas gafas de empollona debe haber una fiera, podrías ser al menos cyberpunk.
—Alfred, no seas así, por favor. —se escondía tras la servilleta.
Revisaron el esquema del nuevo radar holográfico desplegado sobre la mesa del despacho de Alfred.
—Esta NAND no debe estar aquí, habría una sobrecarga en el circuito. —Sofia señaló una puerta lógica. Alfred seguía con su tema sexual:
—Me encanta el último disco de Sex Felatum y cada vez me pone más su cantante Morgana. Qué pena que su identidad sea secreta y se esconda con tanto maquillaje.
—Ya, la que tienes en ese poster tan tétrico. Te gusta porque enseña las tetas cuando actúa. Es tan viejo como cuando la cantante Sabrina Salerno enseño una teta en TVE en la Nochevieja de 1987; yo ni había nacido. Eso ya no escandaliza a nadie… o eso creo.
—Ayer convencí a mi novia para que me hiciera una felación con una peluca negra y maquillada como sale al escenario: la cara blanca y la boca y los ojos negros.
—¡Qué horror!
—Si te apuntaras en el club de fans podrías venir el sábado al concierto.
—Tengo planes mejores.
—¿Quedarte en casa con Boole y su álgebra? ¡Qué sosa eres!
—Me gustan las retículas booleanas, ¿qué pasa? Recuerda el principio de dualidad: a toda relación le corresponde su dual… Unos y ceros, ya sabes… Verdadero y falso…
Morgana salió al oscuro y lúgubre escenario con botas de pinchos y ropa negra. Un foco de luz cenital iluminó su cabeza, con un giro brusco del cuello retiró su melena azabache dejando ver la cara pintada de blanco con dos franjas perpendiculares negras. Abrió los brazos en cruz y soltó un grito desgarrador mostrando sus grandes colmillos. Los fans vibraron. Alfred disfrutaba en primera fila agarrado a la valla del foso del escenario. Sus seguidores esperaban el momento cumbre en que Morgana enseñaba el vello verde del pubis al elevar la guitarra.
Alfred sabía todo de ella, como presidente de su club de fans le había enviado un cuestionario que había respondido por correo electrónico y muy orgulloso había colgado en la Web junto a una foto dedicada que Morgana le había adjuntado.
A las ocho en punto de la mañana del lunes, entró Alfred en el despacho de Sofía y le habló con entusiasmo:
—Sofi, ¿sabes que me he follado a Morgana?
—Y yo a De Morgan, el rey de la lógica. ¡No te jode!
—Es verdad, te lo prometo. Cuando estaba en la cola de la firma de autógrafos me arrastró al camerino, y sin decir nada me violó.
—¿La has denunciado?
—¿Por qué?
—¡Por violarte, que pareces tonto!
—Pero si era mi sueño, ahora soy feliz. Me dijo que no lo publicara ni se lo contara a nadie.
—Yo no soy nadie. ¿Verdadero? ¿Falso? ¿O es que hay otra posibilidad?
Alfred continuó el relato con excitación, como cuando el torero Luis Miguel Dominguín salió corriendo del hotel para contarle a todo el mundo que se había acostado con Ava Gardner.
—Sin decir palabra, me desnudó y me hizo una felación maravillosa.
—¿No te raspó con sus colmillos?
—Son prótesis, se las quitó primero. No te puedes ni imaginar la destreza que tiene la tía: agarró el pene con fuerza, ensalivó exageradamente, calculó el momento para apretar los testículos como si exprimiera una esponja hasta provocar la explosión.
—¿No la penetraste?
—No, no, hasta ese punto no llegué. ¿Sabes que siempre lleva puestas unas bolas chinas? Me lo dijo. Ese dato no lo conocía.
—Yo tampoco sabía que tú llevas su nombre tatuado en el culo.
Alfred se quedó pasmado, mirándola con incredulidad. Sofía se levantó de su silla y deslizando una mano debajo del vestido sacó las bolas chinas y se las dio.
—“Booleanas” las llamo. Son para ti, para mi mejor fan.
Andrea y la obra de Andrés López López. Fotografía de CELES
Frescura en unos días de calor asfixiante! Muy buena fotografía. ¡Enhorabuena!
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