PASADO DE ROSCA. Tamales de Chivo, 6. Jenaro, por Bernar Freiría




En primer lugar, la fuga hacia la libertad lo condujo a un nicho, como era La Alianza de Monterrey, en el que se encontraba confinado y con un horizonte bien estrecho. Las amenazas allí, aunque no eran tan directas como una sentencia firme que lo obligaba a ingresar en prisión, eran también reales. Aquellos traficantes iban todos armados y tenían el gatillo fácil. Había que tener extremo cuidado para no pisar ningún callo que pusiera en marcha el resorte que accionara un arma. Pero la amenaza de cárcel también aquí estaba siempre presente. A fin de cuentas, estaba incrustado en actividades ilícitas y, aunque la banda para la que trabajaba tenía buenas agarraderas en el mundo legal y político regiomontano, la posibilidad de ser detenido siempre estaba ahí. Y los penales mexicanos eran lugares muchísimo más inhóspitos y peligrosos que los españoles. En cuanto al mundo de los afectos, habría de pasar mucho más tiempo para que su integración fuera mayor y lo que le rechinaba pudiera llegar a hacérsele normal y aceptable.

En algún momento había albergado la esperanza de ir abandonado poco a poco el mundo del hampa para ir instalándose en actividades, aunque no legales, no tan abiertamente delictivas como el tráfico de drogas. Como tenía experiencia en la construcción, empezó a conseguir materiales para las infraviviendas del barrio. Estaba empezando a lograr que algunos acudieran a él para las construcciones ilegales que todos los días se levantaban en La Alianza o para la mejora de las existentes cuando fue llamado a presencia de sus jefes inmediatos.

—Oiga, gallego ¿a cómo lo da una lámina para el tejado de un jacal?

Sin esperar a oír la respuesta, el tipo siguió:

—Se toma el trabajo por unos pocos centavos. ¿Es que nosotros no le pagamos bien? Ándele, ¿ha calculado cuántas láminas y adobes tiene que vender para ganar lo que le damos aquí en una semana? No se engañe, cuate, la mayor parte de esta gente apaña o consigue en vertederos los materiales que usted pretende enjaretarles. Además, casi todos pueden dormir al raso, si hace falta, pero de lo que no pueden prescindir es de su ración diaria de bazuco. Usted está ya en buen lugar, galleguito. En este negocio corre el clavo. Si es ambicioso le daremos cacho. Pero no vaya a regarla. Cierto que aquí nos hace falta, pero no se crea imprescindible; nadie lo es. Así que, céntrese en lo que hace y no deje que lo distraigan menudencias. O está con nosotros con plena disponibilidad o búsquese usted mismo quien le dé chiche.


Continuará…/…


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