CRONOPIOS. Encuentro con Pauline, por Rafael Hortal





Me encantó la idea de reunirme con mi personaje, pero Pauline era más que eso, se extralimitó en su papel, me arrastró con su personalidad arrolladora. Cuando pensé el argumento de “Armónicos, días de vino y sexo” ella no era el personaje principal, sino Félix, el enólogo, un voyeur empedernido; la novela podría haberse llamado “Las tribulaciones de un voyeur”. Pauline apareció rompiendo los esquemas, ampliando el guion; era muy inteligente, una agente secreta dispuesta a utilizar todas las artes para conseguir su objetivo, sobre todo con su sensualidad; era una maestra del exhibicionismo.

Quedé con ella en la goleta El Cid, que estaba fondeada en el puerto de Cap d´Agde. Cuando llegué al pantalán estaba en cubierta, hablando con su agradable acento francés con Chema Alcaraz, el capitán; se conocieron en una travesía desde Ibiza a Cartagena.

—Hola, buenos días —les dije mientras subía a bordo.

—Buenos días Rafa —Chema me dio la mano.

—¡Venga, vamos, es un bonito día para navegar! —dijo Pauline. Desde la primera frase ya estaba dirigiendo la situación.

—Si os parece bien zarpamos ya —dijo Chema soltando el cabo de la cornamusa. 

—Vale, como queráis —dije.

Está claro que a los tres nos gustaba navegar a vela. Pauline llevaba un top blanco que realzaba sus exuberantes pechos y mini falda vaquera. Cuando tiraba del cabo para izar las velas ponía posturas provocativas y sus pechos se balanceaban. Está claro que siempre le ha gustado llamar la atención, apostaría a que no llevaba bragas. Nos sentamos en el solárium de proa; a babor veíamos la larga playa nudista.

—No sé que pretendes, ya conoces todo de mí —dijo recostándose en la colchoneta.

—Quiero que los lectores conozcan tu morbosidad exhibicionista, además, siempre me sorprendes con cosas que se te ocurren sobre la marcha, sin contar conmigo.

—¿Pero a ti qué te va a sorprender ya? ¿Quieres que trepe desnuda al palo mayor?

—No hace falta, sólo quiero dialogar contigo. ¿Te consideras un ejemplo de mujer libre?

—De pensamiento seguro que sí, pero de obra cuesta serlo, siempre se está condicionado por la familia, el trabajo, la sociedad, las normas… en el fondo soy una trabajadora obediente que disfruto en mi tiempo libre.

—¿Para ser nudista y exhibicionista hay que tener muy alta la autoestima?

—Son cosas distintas: los nudistas naturistas sólo pretenden estar en armonía con la naturaleza, no se fijan en nadie y practican el nudismo en privado o en público. En cambio, los exhibicionistas disfrutan cuando los miran, pero no creas que sólo enseñan su sexo; hoy en día hay mucha gente exhibicionista mostrándose para que los admiren, para obtener una satisfacción personal; ya sea porque se consideran guapos, por presumir de la ropa que llevan, por mostrar sus fabulosos viajes, por hacerse fotos con famosos. Basta pasearse por las redes sociales para contemplar bailes y posturitas con la sola finalidad de presumir.

—Yo quiero que me hables del exhibicionismo sexual…

—Sabes que no soy una exhibicionista delictiva, eso está penado con cárcel. Yo disfruto provocando con mi cuerpo a los que sé que les gustaría verme: gente adulta, voyeur a ser posible.

—A Félix, el protagonista masculino, lo llevabas erecto todo el tiempo. Cuenta algunas artimañas.

—Cuando lo conocí me gustaba calentarlo dejando que se me saliera una teta de la camisa y aparentar que no me había dado cuenta; en otra ocasión llevando un vestidito corto sin bragas y dejando que las rachas de viento lo levantasen. 

—Eso ocurrió por tu trabajo de espía, tenías que conquistarlo, pero cuenta como disfrutas cuando te observan.

—Hay que adaptarse al lugar donde suceda la acción, por ejemplo, en mi casa de París tenía localizado a un vecino que me espiaba con prismáticos por la ventana, y se masturbaba. Lo calenté aparentando que no me daba cuenta, los voyeurs necesitan su intimidad. Para ellos es fundamental que su cerebro reconstruya lo que no ven, la imaginación los excita, por eso las primeras noches comencé bailando desnuda a contraluz —mi silueta es espectacular—. Otros días me desnudaba sin prisas mientras andaba de un lado a otro de la habitación; por el espejo lo veía atento. La verdad es que fui cruel, lo tenía todo el día esperando a que abriese las cortinas. Un día me masturbé con la ventana abierta frente a él, lo hice muy feliz. En las duchas de la playa nudista me enjabonaba lentamente y me acariciaba por toda la piel hasta que no quede nada de gel, limpiando a fondo entre mis pliegues labiales; de reojo veía a los mirones disfrutar. Pero no hace falta desnudarse para exhibirse, la ropa bien elegida ejerce una gran atracción. Todo el mundo me mira cuando me pongo mis finísimos leggins ajustados sin bragas; marcan las curvas de mis glúteos y señalan el pubis y los gruesos labios que marca la tela al introducirse en la vagina. Me gusta observar de reojo a la gente que me mira; entre las mujeres también levanto pasiones.

—¿Por qué eres bisexual?

—No sé por qué, pero todos deberíamos serlo. Lo importante es que te guste una persona independientemente de su sexo. 

—Fue sublime la orgía que organizaste para la celebración del cumpleaños de tu amiga Marga…

—¿No me digas que lo de apagar la vela metida en mi culo no fue un puntazo? Me gustaría que la novela se llevara al cine.

—Te aseguro que serías la protagonista. Ya sabes que mis personajes femeninos son fuertes, provocativas y empoderadas.

Pauline se desnudó y se fue a popa para decirle al capitán que fondeara porque le apetecía bañarse. Saltó de cabeza al agua, alardeaba sacando su espléndido culo a flote y nos llamaba como una embaucadora sirena. Chema y yo nos amarramos al palo mayor y brindábamos con una copa de Monastrellissimo: “Por Amónicos, días de vino y sexo”.



Ilustración: Pauline, obra de Pepe Yagües  

Comentarios

  1. Ser libre no es fácil, y ella lo es. Me gusta el tratamiento que le das a las mujeres, las empoderas.

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