CRONOPIOS. Encuentro con Lolita, por Rafael Hortal




Durante un tiempo pensé que sería una osadía quedar con Lolita, pero cuando indagué en su personaje comprendí que una jovencita nunca tiene el dominio sobre una persona mayor. Siempre me gustó el refrán: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Confié en mi experiencia y conocimiento para desentrañar las fuerzas de poder sexual que planteó Vladimir Nabokov en 1955.

Quedé con Lolita en un chiringuito de playa. El calor derretía el cucurucho de helado que se apresuraba a lamer para que no goteara. Me miró por encima de las gafas de sol y me dijo:

—¿Tú también me ves provocativa?

—Yo, yo… 

—Sólo tengo 12 años, soy una niña, simplemente juego y descubro la vida.

—Pero la RAE define “Lolita” como adolescente, seductora y provocativa.

—La RAE, Kubrick y Adrian Lyne se equivocan. Las películas eran más taquilleras con actrices sugerentes desarrollando el mito de la femme fatale, pero Nabokok no escribió eso. Mi padrastro era un pederasta y punto. Le gustaban las niñas sin pecho, como era yo, no como las actrices de las películas, que han confundido a la gente sobre la novela original.

—De acuerdo, mientras todos vemos a una niña inocente, los pederastas ven su objeto de deseo. Hacen cualquier cosa para estar cerca.

—Ya lo creo, Humbert, mi padrastro, me engañó, me llevó de hotel en hotel, me drogó y me violó, pero intenta dar buena imagen tratándome bien y comprándome caprichos. Él sabía que me pasaba las noches llorando.

—Humbert tenía 40 años cuando te conoció, pero reconoce que siempre había tenido la parafilia de la pederastia…

—Además era un celoso. Me quería solo para él. No le gustó que le confesara que me había desvirgado un amigo en el campamento de verano. Me apartaba de los compañeros del colegio, por eso estuvimos viajando durante años. A todos les decía que era mi padre y dormíamos en la misma cama.

—Él sabía que estaba comportándose muy mal. Te quitó la infancia.

—Era un pervertido, pero lo que pasa es que él cuenta la historia en primera persona, el lector se cree lo que cuenta, hasta lo disculpa a veces, sienten lástima por su tormento. En cambio, a mí me ven como la niña perversa que seduce a un hombre.


Una chica adolescente, que estaba muy cerca limpiando su bicicleta llamó nuestra atención, y sin más, se sentó junto a nosotros.

—Hola, soy Alejandra. No estoy muy de acuerdo con vosotros.

—¿En qué no estás de acuerdo? —le pregunté. 

—Creo que si dos personas mantienen una relación durante años, es porque tienen complicidad. Los dos se aceptan y disfrutan.

—Me marcho —dijo Lolita—. Voy a tomar el sol.

—Alejandra, ¿por qué hablas con tanta seguridad? —le pregunté extrañado.

—Aunque me llamo Alejandra, soy más “Lolita” que ella. Provoqué a un hombre mayor para mantener relaciones sexuales.

—¿Él no se negó?

—Él fue capaz de poner su estabilidad en peligro por mí. Me conocía desde niña; podía perder a su mujer, podía haber ido a la cárcel.

—Ya te recuerdo: tú eres Alejandra de “La esclava instruida”. Eras una seductora muy consciente de lo que estabas provocando.

—En honor a la verdad, tengo que alegar en mi favor que la historia la cuenta él. Él es el profesor culto, el que sabe follar, el que tiene prestigio internacional, el que tiene dinero, el que me moldea como a una Galatea… es un narcisista.

—¿Qué experiencias sexuales tenías?

—Había jugueteado varias veces con un amigo de clase que rozaba su polla entre mis muslos, pero no me había penetrado. Eso lo reservé para mi amante.  

—Aprendiste rápido…

—En el primer encuentro me enseñó a chuparla sin raspar con los dientes. En el segundo encuentro me desvirgó mientras escuchábamos a Vivaldi. Además, como mi amante es escritor y poeta, sabe describir las escenas con detalles pornográficos, eso sí, con la elegancia de un dandi. A su lado Nabocov escribió una novela rosa.

—¡Muchacha, no digas eso!… ya sé que estáis enamorados a pesar de vuestra diferencia de edad, pero Vladimir Nabokov publicó Lolita en 1955 y tu amado escritor la publicó en 1992.

—No confundas al personaje con el autor…

—Es verdad, perdona, es que lo veo reflejado: le gusta la ópera, París, la novela de Stevenson…

—Yo soy la verdadera “Lolita” que describe la RAE, además soy española.

—Sí, desde luego, eres una “Lolita” desde el mismísimo momento en que sales de la piscina ante él, siendo consciente de que lo ibas a perturbar para siempre. Él te lo dijo: “Cuando saliste de la piscina y te acercaste a mí, mojada, esbelta, bronceada, con el sol que iluminaba como un aurea tu vello finísimo y ambarino, aquella tarde eras ya ese otro ser extraordinario y fugaz, ese animal esplendoroso en el que las mujeres se convierten durante un breve espacio de sus vidas, antes de entrar en la plena adolescencia y recién salidas de la brutal crisálida infantil. Me miraste y algo vi en tus ojos que fue como una mano aplastándome contra mi sillón de mimbre. El aura de fascinación, deseo y locura que avanzaba contigo, no sale en las fotografías… Me miraste desde el Infierno”

—¿Qué viste en él para querer seducirlo?

—Su mujer y él eran amigos de mis padres, que me transmitieron su admiración por él desde niña, aunque antes no se fijaba en mí. Al principio me atrajo más su nivel intelectual que su físico, después resultó ser un gran follador. Tenía mucha experiencia y me descubrió placeres por todas las aberturas de mi cuerpo.

—¿Ves normal que una persona de su edad sienta esa lujuria por una jovencita?

—Sí. Él me habló de Dante, que se enamoró de Beatriz de nueve años, Petrarca de Laura de doce años, igual que Justine del Marqués de Sade, Goethe soñó con su Helena de diez años, a Fausto lo obnubiló una chica de catorce años como los que yo tenía cuando empezamos a vernos. Duramos cuatro intensos años.

Aquí terminó mi conversación con Alejandra; está claro que los pederastas intentan blanquear su historia y normalizarla para no parecer lo depravados que son. El propio Vladimir Nabocov aseguró que no es un escritor de novelas didácticas ni moralizantes, una obra de ficción debe ofrecer arte, placer estético. Sobre Lolita dijo: “Lolita no es una ninfa perversa, es una pobre niña que es corrompida. Ahora veo representaciones de lolitas por todas partes, mujeres adultas haciéndose pasar por lolitas para provocar, pero no tienen nada que ver con el personaje que yo creé”. Me dirigí a la arena, donde Lolita estaba tumbada al sol. Le propuse que escribiera su versión de la historia, ya que Nabokov no le dio voz, y los lectores sólo conocemos la visión maníaca de Humbert, y además Nabokov utiliza hábilmente la figura de “narrador no fiable”. Seguro que saldría a flote todo el sufrimiento que soportó.  





La esclava instruida, de José María Álvarez



Lolita, Vladimir Nabokov


Comentarios

  1. Un tema complicado que ha sabido llevar muy bien, dar voz a protagonista es excelente. Me gusta mucho el formato que está usando .

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