Alianzas, por Gedi Máiquez
El fin de semana estaba dando paso al tan ansiado otoño. El verano para Silvia era ese intervalo de tiempo que pasaba entre termómetros desquiciados anunciando los temidos casi cincuenta grados, hacer equilibrios imposibles para atender a sus hijos adolescentes, el trabajo demandando a gritos que echase más horas al cesto de la productividad y algún que otro vermut en el chiringuito de la playa.
En esto se acordaba siempre de su hermana Marta que le había declarado la guerra hacía muchísimo tiempo a la sobrevalorada estación de Vivaldi yéndose al Norte todos los veranos. Desde su idílico retiro la escuchaba decir -Ay nena, qué a gusto se está aquí. -Alargando las palabras con su tono pausado habitual y su risa contagiosa. Mientras, a Silvia le caían gotas de sudor cuan perlas del Caribe adornando su bronceado rostro, no conseguido desde luego en aquellas latitudes.
Por un año Marta era la mayor de las dos. Desde que nació, su sincera sonrisa rivalizaba en belleza con su rostro dulce de rasgos armoniosos, donde los enormes ojos castaños transmitían confianza a quien se detenía a contemplarlos. Silvia la adoraba y no recordaba un solo momento de su vida sin compartirlo con ella. Admiraba su generoso corazón y esa entrega absoluta a los suyos, pero lo que más le asombraba de su hermana era su capacidad de organización y de tenerlo todo bajo control. -Marti, definitivamente tienes un TOC, le decía mientras ella ordenaba los armarios por el tamaño de la ropa y a ser posible por colores, seleccionando las braguitas para doblarlas perfectamente y estirar el algodón hasta eliminar cualquier vestigio de arruga.- Si que lo tengo, si.- le contestaba conforme con el veredicto, y seguía contando la última hazaña de sus padres en modo tragicomedia sin darle mayor importancia al comentario de su hermana, las desternillantes carcajadas empezaron a surgir cuando, entre ropa interior y toallas perfumadas explicaba la razón de cómo la vida de una lagartija bebé había sido salvada in extremis de la curiosidad canina haciéndose la muerta en presencia de Teo, su adorado perro hijo. Su rostro confirmaba lo que Silvia ya sabía de antemano, el interior del armario había quedado como las estanterías de Zara Home.
Ese mediodía de sábado la suave luz otoñal entraba por el ventanal de la habitación de Silvia y los árboles del jardín público pegado a casa se mecían tranquilos al son de una música que solo ellos podían escuchar. Desde luego no era la misma que sonaba en su casa cuando con enérgica voz de mando exclamó;¡Alexa!,It´s Not Unusual de Tom JonesTom Jones - It's Not Unusual |Letra Traducida al Español|la ocasión merecía marcarse un baile. La recomendación era de su infatigable amiga Lucía -Tía, los duelos hay que hacerlos con música.
Limpiaba los cajones de su mesita de noche sin querer emular la prestancia de Marta ya que eso era del todo imposible, cuando de pronto el cajón extraible interior escupió dos objetos brillantes. En un momento la mesilla se había convertido en Gollum atesorando para él durante años los dos anillos de su pasado matrimonio. Consiguió atraparlos no sin esfuerzo, ya que esa fuerza ejercía un poder de posesión excepcional , pero al fin estaban en sus manos y sin llegar a volver a introducirlos en el dedo anular, que los dioses la protegieran de tal hazaña, llamó a su hermana, su fiel aliada desde que partieron de la Tierra Media hacía ya unos 40 años.
La pantalla del dispositivo de Marta avisaba, cuando Silvia llamaba algún trajín llevaba entre manos y es que su hermana no dejaba de sorprenderla. Su imaginación desbordante y esa predisposición natural a estar metida en toda clase de líos, a cual más surrealista, hacían de ella un volcán a punto siempre de entrar en erupción.
-Marti, ¡Gollum tenía los anillos! .- exclamó Silvia entusiasmada -Como no te expliques mejor pensaré que pronto has empezado con la ronda de vermut - le contestó Marta conociendo la afición de su hermana por darse algún que otro homenaje los fines de semana. Dando comienzo así al relato en cuestión. La llamada operación Gollum se puso en marcha entre las risas habituales y sus ̈te acuerdas cuando,,,¨. Una vez más Marta estaba ahí para Silvia. Ella fue la que le regaló los anillos de matrimonio y ella sería la que fuese a venderlos para recaudar una cifra importante que ya sabían en lo que la iban a invertir. Esa noche tenían mucho que celebrar y reir, el círculo quedaba cerrado y la alianza, una vez más, sellada.
Me parece un relato maravilloso! Lo siguiente es escribir un libro querida amiga!!!
ResponderEliminarGracias por tus palabras, desde luego historias tengo para escribir un libro. 😊
ResponderEliminarMe ha emocionado la complicidad que se percibe entre las mujeres de tu relato, y que describes con absoluta naturalidad y viveza. Es una historia preciosa y tus protagonistas maravillosas. Una pincelada de vida que deja una sonrisa en cara.
ResponderEliminarMuchísimas gracias!