LOS SONIDOS Y EL TIEMPO. Santa Cecilia, por Gabriel Lauret.







Hace unos pocos días, músicos de todo el mundo celebramos la festividad de nuestra patrona, Santa Cecilia, tan querida como controvertida, ya que hay muchas sombras sobre la figura histórica que se esconde detrás de un relato que mezcla realidad y leyenda, sombras que incluso ponen en duda la relación que pudo tener con la música. 


No tenemos datos fiables que nos permitan situar con certeza la vida y martirio de Cecilia, aunque todo apunta a que pudo tener lugar entre los siglos II y III. Casi toda la información proviene de unas actas aparecidas hacia el año 480, entre dos y tres siglos más tarde, no existiendo anteriormente ninguna referencia a ella entre los santos de la iglesia. Sin embargo, la redacción de la historia, muy bien elaborada, hace suponer que recoja alguna tradición oral anterior transformada en romance piadoso, como otros relatos similares de los siglos V y VI. 


Cecilia habría sido una joven romana de familia senatorial, convertida al cristianismo desde su infancia. Sus padres la dieron en matrimonio a un joven noble pagano, Valeriano. En la cámara nupcial, Cecilia convenció a Valeriano para que respetara su virginidad, ofrecida a Dios y custodiada celosamente por un ángel, al que sólo podría ver si era convertido al Cristianismo por el papa Urbano I. Superado este trámite, el ángel se apareció y coronó a la pareja con coronas de flores. A continuación, Tiburcio, hermano de Valeriano, adoptó también la religión de Cristo. En época de persecuciones, estaba prohibido enterrar los cadáveres de los cristianos, justo lo que hicieron los dos hermanos. Como pueden imaginar, fueron apresados, torturados para intentar que abjurasen de su fe y, por último, decapitados, al igual que Máximo, el oficial encargado de custodiarlos, que también se había convertido. Cecilia fue condenada a morir sofocada en el baño de su casa, donde pasó un día y una noche en agua hirviendo sin recibir daño alguno, por lo que un soldado recibió la orden de decapitarla. Descargó tres veces la espada sobre su cuello y al no poder cumplir la sentencia la dejó abandonada en el suelo. La pobre Cecilia pasó tres días en agonía hasta que por fin falleció. El papa Urbano enterró a la mártir en las catacumbas de San Calixto, junto a las tumbas  de los primeros papas, y consagró su casa situada en el actual barrio del Trastevere como basílica, como ella había pedido. 


Pasan varios siglos hasta tener nuevas noticias de Cecilia. Hacia el año 821, el papa Pascual I reconstruyó la iglesia con gran esplendor, pero necesitaba un aliciente que sirviera de reclamo para la visita de los fieles. Al no encontrar los restos de Cecilia en las catacumbas de san Calixto, iluminado por un sueño milagroso los encontró en las de Pretextato junto con los de los tres mártires, y fueron todos colocados como reliquias bajo el altar mayor de la iglesia.


El siguiente momento en la cronología ceciliana tiene lugar en 1594, cuando el papa Gregorio XIII la canonizó y le dio oficialmente el nombramiento de patrona de la música. El motivo para este nombramiento muy posiblemente se debiera a una tradición basada en un error de traducción de unos versos de una antífona del oficio de la fiesta de la santa, error agravado también por la descontextualización de la escena. Por una parte, la similitud entre cantante y candente es todavía mayor en latín que en español. Por otra, con la traducción de órgano como instrumento musical en vez de como instrumento de tortura. Sea como fuere, sólo encontramos una conexión explícita entre Cecilia y la música desde finales de la Edad Media, y se la representa desde entonces cantando con un pequeño órgano o con otros instrumentos musicales. 


Posiblemente por la reciente canonización, el cardenal Sfondrati ordenó en 1599 la restauración de la basílica, en la que encontró un sarcófago con el cuerpo incorrupto de la santa. El cardenal encargó a Stefano Maderno una estatua que reprodujera  el aspecto y la posición del cuerpo de Cecilia tal como había sido encontrado, y esta maravillosa representación es la que hoy se encuentra debajo del altar central de la iglesia.


A lo largo de los tiempos, la santa ha dado nombre a infinidad de instituciones musicales, academias y bandas de música por todo el mundo. La más importante posiblemente sea la más antigua, la Academia Nacional de Santa Cecilia en Roma, fundada en 1585, y cuya sede estuvo por un tiempo en la basílica de nuestra santa en el Trastevere. Músicos de todo el mundo han compuesto obras en su honor, por lo general corales o para coro y orquesta, en forma de misas, himnos o cantatas. Entre los autores encontramos a Händel, Purcell, Haydn, Gounod y, más recientemente, Britten (nacido un día de santa Cecilia) y Arvo Pärt.


El 22 de noviembre, señalado por la tradición desde el siglo IV como el día de su muerte, fue adoptado en muchos países hace ya siglos como el Día de la Música. En la actualidad, además de día festivo para los centros de educación musical, todavía en muchos lugares se celebran misas para honrar a la santa en las que participan agrupaciones musicales, instrumentales o corales, y donde no hay actos religiosos se organizan festivales, conciertos y conferencias.  

Como hemos visto, es difícil establecer una conexión real entre Cecilia de Roma, esa historia milagrosa y fantástica, y cómo llega ser nombrada patrona de la música. En todo caso, lo que es totalmente cierto es que es el día 22 de noviembre es la fecha en la que los músicos celebramos con orgullo nuestra profesión, que es nuestra vocación. Espero que ustedes sean tan felices con su trabajo como lo somos la inmensa mayoría de los músicos con el nuestro. 









Ilustración: De las numerosas representaciones que tenemos de Santa Cecilia, realizadas por artistas de la categoría de Rafael, Rubens, Tiépolo o la mencionada escultura de Maderno, quiero que conozcan la bellísima imagen realizada por Roque López, alumno de Francisco Salzillo, en 1783 y que se conserva en la iglesia de las Agustinas de Murcia.


Referencia musical:

Oda para el día de Santa Cecilia, de Georg Friedrich Händel.

Les Arts Florissants. Director: Paul Agnew

Comentarios

  1. Tremenda historia la de Cecilia. Uno siempre aprende en tu blog, Gabriel.

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  2. Sin duda disfrutar del trabajo que uno hace es un privilegio.
    Sin duda los músicos sois unos privilegiados.
    Mis felicitaciones a todos!!

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  3. Muchísimas gracias Gabriel.
    Que interesante la historia de Santa Cecilia,no tenía ni idea.
    Desde luego la historia es de quien la cuenta.

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