PASADO DE ROSCA. Tamales de chivo, 2. Flori, por Bernar Freiría
—Ya, claro, y se vivía mejor en un chalé que en un piso, y estrenando ropa todas las semanas…
—Pues claro que sí. ¿A quién le amarga un dulce? Ya sabes las ganas que tenía yo de quedarme embarazada y por fin podíamos pagarnos el tratamiento, que fue tan largo y tan caro. Mira, yo nunca fui amiga de fiestas, pero me gustaba invitar a los amigos. Y Jenaro sabía ser generoso. También conmigo. Las joyas que me fue regalando me están sirviendo ahora para no pasar faltas, que ya sabes lo que me queda del sueldo embargado y entre eso, el alquiler y los gastos de Adrián se me va todo.
—Por lo menos tienes un buen sueldo, envidia me das. Ya ves mi marido, después de perder su casa, ahí está el pobre, de portero de noche en un hotel y por cuatro perras para pagarse el alquiler. Y gracias que encontró trabajo, que ya con su edad...
—Pero yo no tengo la culpa de que tu marido aceptase hipotecar la casa para darle el dinero a su hermano. Yo no se lo pedí. Es más, tú bien sabes que a mí no me dijo nada de aquello.
—Eso es lo que yo te reprocho, que tu marido estuviera sableando a media ciudad y tú tan fresca o tan inocente; y a su madre, la pobre, ahora viviendo con mi marido, que no sé cómo la mujer no se ha muerto al ver que se quedaba sin su casa, mientras tú no hacías nada por parar esa locura. Porque no me irás a decir que él no sabía que aquellos sablazos no le iban a permitir levantar cabeza, que todo era una huida hacia delante que lo llevaba adonde ahora está, condenado por la justicia y huido. No me digas que había necesidad de que le levantara los miles de euros a la tía Luisa, que tan bien le habrían venido ahora a su viudo.
—Yo no sé nada de esos miles de euros, ni tampoco supe en su día de las hipotecas de vuestras casas. Y ni siquiera sé si yo hubiera podido pararlo, de haberlo sabido.
—Ya. ¿Y por qué no avisaste de que iba a ser imposible recuperar el dinero que le pedía a todo el mundo?
—¿Y cómo iba yo a avisar, si es que yo no sabía que os lo estaba pidiendo? Como no sabía nada, na-da, de sus cuentas, me gustaría que me creyeras, Chon, porque te digo la verdad. Cuando ya no podía ocultar que las cosas iban mal, me decía que estaba pasando un bache pero que se iba a recuperar, y le echaba la culpa al dichoso transformador. Cuando dejamos el chalé, mi principal preocupación fue encontrar trabajo porque, aunque no sabía bien cuál era la situación, ya tenía claro que era urgente que yo empezara a ingresar un sueldo. Y a eso tuve que dedicar todos mis esfuerzos, porque no me resultó nada, nada fácil. Una abogada que lleva tantos años apartada de la profesión no encuentra más que suplencias en turnos de oficio, sin horario y haciendo guardias. Y yo con Adrián, tú sabes cómo está, no podía hacer rotaciones de turnos. Me costó no sabes cuánto encontrar el puesto con horario fijo en el bufete de Ana. A lo mejor eso para mí fue un refugio para enterrar la cabeza y no enterarme de las que había liado Jenaro, no te digo que no. Pero tienes que entenderme, yo sabía que iban a venir tiempos malos, y prefería que me pillaran con un puesto de trabajo, con mi propio sueldo. En lugar de regodearme en contemplar como mi vida se destruía, preferí volver a ejercer mi profesión. Un trabajo era mi tabla de salvación ante el naufragio que entonces ya sí estaba viendo venir.
Continuará …/…
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