ESCRITOR INVITADO: El Mar Menor que recuerda, por Carlos Gil Gandía
El Mar Menor estaba allí antes de que nosotros supiéramos que estaba allí, y seguramente seguirá estando cuando ya nadie recuerde nuestros nombres. Esta evidencia, que debería bastar para poner las cosas en su sitio, ha sido una de las más difíciles de comprender, quizás porque los seres humanos confundimos con facilidad lo que encontramos al llegar con aquello que nos pertenece, como hacen los niños con la casa donde han nacido, que creen construida para ellos y eterna. También nosotros encontramos el mar hecho. Respiraba despacio entre La Manga y la tierra firme, recibía la luz, movía sus algas, alimentaba sus peces y parecía dormir durante ciertas tardes inmóviles de agosto, cuando apenas había viento y el agua adquiría esa quietud que solo poseen las cosas capaces de moverse. Tal vez por eso quienes crecieron junto a él nunca pensaron que pudiera desaparecer. Lo que pertenece a la infancia posee durante mucho tiempo el privilegio de parecernos inmortales. Conrad sabía que el mar ti...