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SUMARIO DEL 10 DE MARZO DE 2024

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  ¡Salud y República de las Letras! Hermoso empezar una mañana de domingo leyendo el blog literario especialmente pensado para vosotros, amigos y amigas de Dulcinea. Esta semana disfrutaréis con las aventuras del Quijotillo que nos trae Santiago Delgado, conoceréis cómo resulta finalmente la aventura vital de Adela, con Gedi Máiquez. Marcos Muelas trazará un arco histórico dorado desde Hollywood a la Grecia clásica; Bernar Freiría nos llevará hacia paisajes nuevos a través de su doble fondo. La prosa introspectiva de Vicente Llamas se vuelve narración con la apertura de un nuevo cuaderno; y finalmente, aunque hay alerta por vientos y fenómenos costeros, Rafael Hortal subirá la temperatura con su particular visión de Lulú.  Disfrutad de la vida y de la literatura. Mercado de primavera (Ding Guanpeng)

CRONOPIOS. Encuentro con Lulú (2/2), por Rafael Hortal

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  Las edades de Lulú se ha traducido a más de 20 idiomas; me pregunto cómo habrán traducido la palabra “follar”. —Lulú, ¿usted conoce la canción de Javier Krahe “No todo va a ser follar”? —Sí, claro: “Y habrá que ir a trabajar / No todo va a ser follar…”. Pero en mi caso era una prioridad, buscaba el sexo en todas partes, no contemplaba mi vida sin el sexo. —Hicieron un guiño a la mantequilla de El último tango en París , ¿verdad? —Ja, ja, ja. En España tenemos más a mano porciones de quesitos para engrasar el ano. Este fue otro descubrimiento con Pablo. Fui a verlo en una conferencia cuando regresó de su estancia en la universidad americana, le había preparado una sorpresa: me depilé entera para él, eso le excitó sobremanera, pero me dio por culo bruscamente, me dolió mucho. Al rato me pidió matrimonio. Todo lo que te he contado es verdad, pero tengo que reconocer que antes de que me penetrara por primera vez, ya teníamos una tensión sexual no resuelta. Tenía 11 años cuando metie...

EL VERDE GABÁN. Las mocedades de don Quijote (El Quijotillo), por Santiago Delgado, entrega 26/27

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  Aún no era el yo que soy ahora, pero tampoco el mocito de zapatos rotos de Villanueva. Luisa, igual. Supe, por ella misma, que las monjitas la casaron bien. Mi señora madre me corroboró por carta lo acertado del casorio. Ojalá que fuera feliz, hasta que… falleció de sobreparto, la pobre. Menudita era, y acaso su cuerpecín no soportó las atrocidades del parir.  Las cosas que arregló mi madre impusieron que yo fuera, tanto a enterrar a la hermanita que tanto quise, como a recoger el rorro recién nacido; pues el marido declinó hacerse cargo, el mal hombre. Alquilé ama de cría, y con todos mis libros, más los de Luisa, y lo que aprendiera del gallego en el cacumen mío, allá que me fui, (o, mejor dicho, volví) primero a Toledo, luego a los enmedios de La Mancha, donde habría de quedarme ya para siempre hasta que salí a los caminos. Ya sabes, Sancho, dispuesto a enderezar entuertos, afrentar endriagos y desencantar damas atrapadas por los malandrines diversos que la Edad d...

EL ARCO DE ODISEO, Arquímedes y el falso Óscar, por Marcos Muelas

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¿Quién no conoce al bueno de Arquímedes? Toda una celebridad en el mundo antiguo. Pero no ese tipo de celebridad de las que llegan donde están por ser hijo de alguien o dedicarse a hacer el ganso en TikTok . No, hoy recordamos al matemático, el físico e inventor que revolucionó el mundo antiguo. "Dame una palanca y moveré el mundo", ¿verdad que ahora os suena más?  Pero tampoco estamos hoy aquí por esa frase, sino por una sola palabra que a mí me resulta peculiar " eureka ", y no, no me refiero al nombre de un bar de pinchos vasco.      Viajemos a tiempos antiguos, épocas de sabios y genios griegos, donde Hierón, el tirano de Siracusa, solicitó a los más delicados orfebres la confección de una corona de oro, para adornar su testa. Para ahorrar costes, o tal vez porque le sobraba material, el solicitante aportó la metería prima en forma de monedas. Dos kilos del preciado metal, nada menos, que, al fundirse, sería convertido en su aurea corona.   ...

PASADO DE ROSCA. Doble fondo 5/7, por Bernar Freiría

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—No hemos hablado de perras. —A ver, ¿cuánto debes? —Tengo un plazo de hipoteca de unos mil euros al mes y ahora mismo tendría que estar pagando préstamos por casi otro tanto. —Eso es calderilla. ¿De cuánto es la hipoteca? —De 180.000 euros. —Eso si quieres lo pagas antes de un par de años. Ya verás. Aquí no hay fijo, depende del movimiento que haya y de la mercancía. No es lo mismo el chocolate que el perico, ya me entiendes. Te iremos pagando cuando estés de vuelta de cada viaje. Aquí, como en todo, la antigüedad es un grado. Si nos vas demostrando que eres de fiar vas a ganar mucho dinero. —¿Y si en un momento dado quiero dejarlo? —Hombre, todos nos jubilamos algún día. Pero también te advierto de que esto no es un trabajo para un ratico. Te vas a enterar de cosas que no conviene que sepa mucha gente. Así que hazte a la idea de que has encontrado un trabajo como los de antes, para echar años en la misma empresa. Esto no es una compañía de trabajo temporal. No voy a decir que no esta...

ESCENAS DE INVIERNO: 1. Hic sunt dracones, por Vicente Llamas.

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            "Lo que te he dicho, no lo olvides ... Entonces sonó la  campana y se volvió. Estaban esperándole".                                                                        Ignacio Aldecoa, Young Sánchez Era por algo que faltaba a la niña de la grada. Un instante apenas, el más decisivo, pareció distraído. Extraviada, su mirada se había deslizado furtivamente fuera de la pista. Algo indefinido que le comprometía. Pertenecía enteramente a la niña, pero les unía a ambos. Demasiado íntimo para que nadie más se inmiscuyera. Demasiado estrecho y borroso para saberlo con exac...

ALAS DE MARIPOSA. Volver a casa, por Gedi Máiquez

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El sonido del agua, envuelto en la oscuridad de la noche, invitaba a desnudar el alma. Adela esperaba a Candela observando el arenal de las marismas que estaba en su finca y donde crecían espectaculares, frutos que pronto recolectarían de la huerta de navazo, típica de tierras sanluqueñas.- Es muy curioso cómo crecen con agua salada de las mareas ¿verdad?- Dijo Candela, con un marcado acento gaditano, a modo de bienvenida. La bailaora había deshecho el moño que sujetaba su frondosa melena, dejando a la vista una ondulada cabellera negra, que enmarcaba las facciones que tan parecidas eran a las de Adela, si no hubiera sido por la mirada felina que desprendían sus ojos verdes. Su figura era poderosa. El cuerpo de bailarina, quedaba debajo de un vestido de tirantes y gasa blanca. Ceñido a la cadera con una delicada cinta de pasamanería, unos pequeños azabaches salpicaban el tejido y donde el largo de la falda, llegaba por debajo de la rodilla. Sus tersos brazos envolvieron a Adela en un a...