CRONOPIOS. Guía práctica de la naturaleza, por Rafael Hortal








Día Mundial del Medio Ambiente, 5 de junio


Como buena Sagitario llegué diez minutos tarde. En el aparcamiento del Centro de Interpretación de la Naturaleza me esperaba mi jefe con gesto serio y la carpeta en la mano tomando nota de los nombres del grupo de senderistas. Conocía esta ruta de la Sierra de La Pila a la perfección y tenía experiencia en los comportamientos de grupos. 12 hombres y 10 mujeres a los que les avancé el plan a seguir y las normas.

Mientras les hablaba me fijé en ellos. Localicé a los listillos, a las guapitas que se apuntaban para lucir el tipo y ligar —una me miraba con lascivia—, a los machitos dispuestos a demostrar su condición física que siempre comienzan a andar rápido y que tendría que frenarlos para que el grupo no se disgregara... Les dije que me llamaba Laura. Me recogí mi largo pelo rubio bajo la gorra y comenzamos a andar.

Lo esperaba, allí estaba el ligón del grupo, el típico pesado que desde el comienzo se pega a ti y no para de hacer preguntas. Pero yo tengo “mucha mili”, como dirían los tíos, y tras sonreírle algunas gracias y alabar sus experiencias en la montaña le pregunté su nombre. Víctor, me dijo. Le propuse que me ayudara a controlar el grupo y que marchara el último hasta la próxima parada de descanso. No pudo rechazar la oferta pues creía que mi sonrisa le indicaba una futura recompensa.

No es que no me guste ligar, pero prefiero no mezclar el trabajo con el placer y conozco lo que quieren: Follar. Son simpáticos y agradables hasta que lo consiguen; en la mayoría de los casos después de un polvo los dejo marchar libremente, les digo que ha sido maravilloso, que ya nos veremos…

Tengo 34 años y espero seguir soltera, me gusta la independencia, volar libre. Esta misma ruta, cuando voy sola, la hago desnuda, disfrutando de la naturaleza, y no aguanto que mis novios me planifiquen el tiempo libre. A Fede lo dejé cuando quería que siguiera sus partidos de jockey durante toda la liga. 

Llevábamos dos horas caminando cuando llegamos al pozo de la nieve. Están todos, me dijo Víctor con una sonrisa, y se sentó junto a mí. Me resigné a aguantarlo durante los diez minutos de descanso. No estuvo mal, me hizo reír un poco con sus chistes verdes y sus ocurrencias como que su pene tenía nombre, le llamaba Victoria. Si fuese pene le pondría Víctor, pero como es polla, le llamo Victoria —me dijo riéndose.

Nos reagrupamos para seguir por el sendero de la cara sur y les avisé que encontraríamos orquídeas, hasta nueve variedades que con suerte podrían fotografiar. La chica pelirroja seguía mirándome con lascivia y hacía fotos del grupo, llevaba una minifalda y los muslos señalados por las ramas del sendero. Se acercó a mí para decirme que faltaban dos excursionistas, comprobé que era cierto; me indicó por dónde los había visto alejarse y tras indicarle a Víctor que procurara que el grupo permaneciera unido seguí a la pelirroja entre el espeso bosque de pinos y coscojas. Vimos a la pareja desnudos, haciendo el amor apoyados en un árbol. La pelirroja se acercó a mi oído y me sugirió que esperáramos a que terminaran, asentí con un gesto de resignación y me senté en un tronco. La pelirroja se desnudó rápidamente, quería ponerme cachonda mientras se tocaba mirándome. En unos segundos, la pareja se acercó para meterle mano a la pelirroja. Yo pensaba que era una pesadilla o un sueño, o quizá una cámara oculta como broma para ver mi reacción, pero no, sólo estaban los tres y me invitaban a participar. Les dije que no, que fueran terminando ya, que les daba unos minutos mientras los miraba. Me hice la dura, la guía profesional, implacable con el trabajo, pero notaba que dentro de mí el cuerpo reaccionaba y mi vagina comenzó a segregar flujo, síntoma del placer que me ocasionaba ver como las dos chicas exprimían el pene con sus bocas hasta que la explosión de semen cubrió una orquídea, una Maxillaria tenuifolia concretamente.

Al regresar al grupo, le prometí a Víctor que le contaría con detalle todo lo que había pasado. Y eso hice después de cenar en su casa; sentada encima de Víctor, con su apreciada Victoria dentro de mí. 






Inicio de vuelo, por Manuel López (Lobo López)



Comentarios

  1. Respuestas
    1. Sí, en la Sierra de la Pila hay mucho por descubrir. Puede ser que este relato esté basado en hechos reales que me han contado, je, je, je.

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