CRONOPIOS. Encuentro con Zezé, por Rafael Hortal
Descubrí a Zezé en la revista Náyades, era sicalíptica mucho antes de que se inventara la palabra, porque encajaba en la definición que surgió a principios del siglo XX para adjetivar a las pícaras cupletistas de Madrid.
Emilia del Cerro, conocida como la bella Zezé, siempre será una joven hermosa, alta, elegantísima, trigueña, con grandes ojos negros. Así la definía su creadora, la cartagenera Ángeles Vicente García cuando escribió la novela de género bildungrosman, en la que Zezé le cuenta su vida a una escritora —sin duda, alter ego de la autora de la novela— durante un viaje en un barco de vapor desde Buenos Aires a Montevideo en 1909.
Me interesaba profundizar en los sentimientos de la bella Zezé, conocer sus secretos con la esperanza de realizar un biopic algún día. Cuando conseguí llegar a la plaza de Chueca sorteando la multitud, la vi sentada en una cafetería admirando como se mostraban con orgullo un grupo de sus paisanas madrileñas. Lucía una boa de plumas al cuello que medio tapaba el escotado corpiño.
—Zezé, perdón por el retraso; está la ciudad colapsada por las fiestas.
—No se preocupe, me encanta ver este ambiente tolerante. Ojalá lo hubiese vivido, pero cuando nací en 1897 había que ocultar los sentimientos. Fíjese que en el barco de vapor nadie quería compartir el camarote conmigo por ser cupletista, si llegan a saber que era lesbiana me tiran por la borda.
—¿Cuándo se dio cuenta de que le gustaban las mujeres?
—A los 12 años cuando me ingresaron en el convento; allí me sentí muy cómoda con las caricias y besos de sor Angélica cuando iba a su cama para que me consolara… me daba el cariño que nunca recibí de mi madre. Después llegó Leonor al convento, nuestra amistad y complicidad nos hizo dar un paso más y descubrir los orgasmos.
—¿Leonor fue su gran amor?
—Pensaba que sí, pero con el paso del tiempo creo que sólo fue pasión: “Todas las mañanas nos bañábamos juntas en una gran pila de mármol rosa, y el agua caliente y perfumada nos daba tal vértigo que procedíamos como bestias, sin tener conciencia ni del tiempo que duraba nuestra locura”.
—Usted vivió durante un tiempo con Leonor y su marido Luis...
—Luis fue el primer hombre que me besó y también mantuve relaciones con él hasta que Leonor se enteró; pero con Leonor sentía mucho más. Recuerdo el día que íbamos a arreglarnos para ir a teatro: “El vestido de Leonor cayó a sus pies y quedó envuelta en una onda de perfume, rígida, como una estatua sobre un pedestal de granito. Yo hice lo mismo, y una gran excitación se apoderó de nosotras. Nos abrazamos como dos luchadores del tiempo griego en la palestra, rodamos por el suelo como fieras heridas, revolcándonos felinamente sobre la alfombra de Esmirna y haciendo caer un vaso con flores que se esparcieron por el suelo y, temblando de risa, nos tirábamos los pétalos. Después de un momento de tregua, vimos nuestros cuerpos reflejados en los espejos, y con mayor furia nos precipitamos la una en brazos de la otra. Los ojos nos relampagueaban. Los cabellos sueltos en la lucha lujuriosa nos envolvían; los senos erectos daban esa sensación de saciedad, como si quisieran derramar el néctar que no poseían, y, en la frenética convulsión, las bocas buscaron ávidamente el fruto del placer”.
—¡Cómo me gustaría hacer una película sobre su vida!
—Pero también hay momentos tristes… mi familia se arruinó, y para colmo los curas iban detrás de la herencia de mi tía…
—Ya, ya. Esta historia es compleja: un alegato al amor lésbico y al feminismo, al tiempo que una crítica social a la familia y a la religión. Cuénteme su relación con los hombres.
—Sinceramente, no me gustan, incluso algunos me repugnan, pero tenía que sobrevivir y los utilicé. Descubrí que no odiaba a Ferrando como hombre, sino por ser el amante de mi madre; entonces decidí enamorarlo para hacerles sufrir. Un tiempo después me acostaba con un banquero porque me compraba todo lo que quería, pero…
—No siga, por favor. No se trata de destripar el argumento. Permítame una pregunta ingenua: ¿qué diferencia hay entre una cupletista pobre y una rica?
—Por mi experiencia le diré que al principio tuve que aguantar muchos ultrajes y vejaciones en los camerinos de los locales donde actuaba, pero cuando triunfé en la zarzuela me llevaban flores. El dinero es muy importante en una sociedad hipócrita.
—Su vida ha sido como una montaña rusa, pero nunca perdió su interés por la cultura, ¿verdad?
—En mi larga vida he hecho de todo, hasta casarme con traje de hombre. Leía mucho y aprendí a tocar el piano, mi favorita es la Cabalgata de las Walkirias.
—Muchas gracias por concederme esta entrevista. —Me despedí.
Allí se quedó Zezé, disfrutando del ambiente junto a la entrada del Metro de Chueca. Bajé las escaleras hacia el andén pensando si su posterior encuentro con la escritora del barco dio los frutos que prometían para continuar relatando su vida.
Ángeles Vicente García ha pasado a los anales de la historia por ser la primera mujer que escribió en lengua castellana una novela erótica con una protagonista lesbiana. Con su hábil estilo narrativo consiguió engarzar los diálogos de Zezé con los personajes que se cruzaron en su vida, a la vez que la conversación con la escritora en el camarote del barco de vapor.
Ángeles Vicente es todo un referente, y tú entrevista es pura originalidad. Muy interesante.
ResponderEliminarGracias. Le he pedido a Carmilla una cita para enero del 2024.
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