CRONOPIOS. Encuentro con María, por Rafael Hortal
María es alemana. Ante mi insistencia para quedar con ella, me obligó a viajar al futuro, a la Alemania de 2026. Dice que quiere comprobar si sirvió para algo su intento de cambiar la sociedad. Quedamos en la isla de los museos de Berlín, en el Museo de Pérgamo, más concretamente en la vía procesional de Babilonia. Aunque le advertí que el museo estaba cerrado por reformas, ella no admitió otro lugar. La solución fue enviar allí a mi imagen virtual, mi avatar al estilo Matrix, pero sin sufrir tanto como Keanu Reeves. Se presentó María la ginoide, con su traje metálico; dialogamos de pie junto a los leones:
—Hola María. ¿Por qué tienes tanto interés en este lugar?
—Siento nostalgia del proyecto de la Nueva Torre de Babel, que los ricos querían construir para estar cerca de Dios y lejos de los pobres del subsuelo.
—¿Este es el futuro que visualizaste hace justo ahora 100 años?
—En estos 100 años hemos sufrido mucho; salimos de una guerra y entramos en otra. Ahora los ricos son mucho más ricos. Mi creadora, Thea Von Harbou, fue una visionaria de la sociedad industrial. Desde que viajó a Nueva York se imaginó un mundo dividido en dos clases sociales: la rica dominante y la esclava, que eran los que alimentaban con su vida la gran maquinaria de engranajes para que la mega ciudad funcionase: “Metrópolis”.
—¿Tú sublevaste a los trabajadores contra los jefes?
—Sí, por eso destruyeron mi credibilidad bondadosa haciendo una malvada máquina para sustituirme, pero…
—No continúes, que la historia es muy larga y da muchos giros; me marea.
—Un año después de que Thea von Harbou escribiera la novela, en 1927 su marido Fritz Lang la llevó al cine, mudo por desgracia, sólo pudimos gesticular y no se escuchaban los estruendos de las máquinas. La película fue declarada “Memoria del Mundo” por la Unesco. Ahora se puede ver la versión original de dos horas y media, ya sabes que censuraron casi media hora; entre otros fragmentos cortaron el primer plano de mi beso con mi amante que duraba 10 segundos; los conté uno a uno.
—María, me gusta indagar en la sexualidad de los personajes. ¿Cómo te describes?
—¡Soy la primera robo de la historia! Además, capaz de desarrollar inteligencia emocional. Abrí la puerta al desarrollo de lo que ahora llamáis I.A. Cuando transfirieron mi cuerpo al ginoide se comportó indecorosamente, bailando casi desnuda y haciendo movimientos compulsivos…
—¡Lo que le faltaba al expresionismo alemán!
—En el cine me interpretó Brigitte Helm, tanto en el papel de María bondadosa como en el de María robótica y el de María ginoide.
—Sí, en la novela no sólo hay un mensaje social, también religioso; lo de los tres personajes en uno me recuerda la hipóstasis de la Santísima Trinidad.
—Me hicieron trabajar mucho. Fui muy famosa hasta que llegó el cine sonoro, pero eso es otra historia.
Es mítica la escena en la que María es copiada al robot metálico con un modernísimo escaneo 3D que transfiere su esencia. En los espectadores de esa época quedó latente la idea de la posible disponibilidad sexual de una sumisa robot, ya que Fritz Lang hizo que se transformara en una bella y exótica bailarina de cabaret, como años después haría Marlene Dietrich en El Ángel Azul (1930) y Liza Minnelli, en Cabaret (1972).
—María, ¿Qué mensaje has dejado para la posteridad?
—¡El mediador entre la cabeza (jefe) y las manos (obreos) debe ser el corazón!
Me despedí de María y aproveché para visitar el museo en solitario; es la gran ventaja de ser una réplica virtual.
Ya en casa, recordé “Tamaño natural” (1974), una película de Berlanga que pasó la censura en España en 1977, mucho después que películas eróticas como “Emmanuelle”, y eso que Berlanga no pensaba en hacerla erótica, pero los censores de la época veían a la muñeca como una fuente de pecado más grave que copular con una mujer real, entre otras cosas porque el protagonista abandonó a su mujer para casarse por el rito cristiano con la muñeca. Recuerdo que Berlanga dijo: “Hacer la muñeca fue más caro que si hubiéramos contratado a Brigitte Bardot”.
Repaso las novelas de ciencia ficción y las películas con ginoides ¡Qué sorpresa! Hasta la fecha, la única escrita por una mujer es “Metrópolis”. Busco ginoides sexuales y encuentro a Pris de “Blade Runner”, la replicante diseñada para el placer. Pero “Westworld” va muy lejos, se trata de un parque de atracciones donde los visitantes pueden hacer lo que quieran con las ginoides, que recordemos que son idénticas a mujeres de carne y hueso. Allí todo está permitido: los clientes pagan para torturarlas, violarlas o matarlas, con el agravante de que las ginoides tienen sentimientos y sienten el dolor, creen que son humanas. ¡Por desgracia la ficción tiene su raíz en la realidad!
¡Extraordinaria entrevista!
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