AMIMANERA: Ocio, por Juan Ángel Sánchez
Las antenas y chimeneas trepan hacia el cielo entre el azul y el amarillo de los primeros rayos. Enseguida comienza el bullicio de los coches en el atasco de las ocho. Es cuando puedes ver a la gente caminar, casi todos con prisa. La bella lo hace altiva, consciente de su poder; el estudiante soñoliento piensa en las sábanas adolescentes que aún huele; el jubilado sin rumbo pone la directa hacia un mantenimiento necesario que el joven aún ni imagina que necesita un cuerpo entrado en edad; el triste anda mirando baldosas que se clavan en su cabeza a cada paso, a cada pensamiento, son puñales; el funcionario, abstraído, se apaga en su cárcel segura. Todos encadenados a este mundo artificial que el ser humano ha creado, al que llaman el estado de bienestar y que crea suicidas que los medios de comunicación ocultan por aquello del efecto llamada borreguil.
En el café, Nieves mira a lo lejos imaginando que algún respiro le tiene que dar la vida. De pequeña soñaba con ser bailarina pero sus rótulas, más pequeñas de lo normal, no le permitían andar muy rápido, mucho menos bailar de un modo artístico. También le gustaba el mundo de la moda pero lo más que logró fue coser vestidos de una pija adinerada que triunfaba en las pasarelas gracias al dinero de papá.
Tiene un trabajo, como la gran mayoría de las personas, que no le termina de llenar. Todo depende con el cristal que mires tu vida, supone, mirando al negrito que pide en la puerta del supermercado…
El caso es que la mayoría de empleos, como el de Nieves, solo sirven para ganar el dinero con el que pagar las facturas. No existen suficientes trabajos ideales para todos y los ciudadanos necesitan comer, alojarse en hoteles, tener un techo dónde cobijarse, circular por carreteras cuidadas… y lo cierto es que dándole patadas a un balón (el sueño de todo niño) es difícil de conseguir.
De tal modo que a la mayoría de las personas que no tenemos una ocupación tipo futbolista, youtuber, influencer o como quiera que se llame un empleo que genera mucho dinero tocándonos los huevos, nos queda el aprovechamiento del tiempo libre. En la antigüedad griega lo llamaban skholè que significa el tiempo que podemos dedicarnos a nosotros mismos. También es la raíz de la palabra latina “schola” que a su vez ha dado origen a la palabra escuela. Aquí me quiero parar.
Si nos fijamos en las estanterías de las librerías (las que resisten a pesar de internet), hay una gran cantidad de libros dedicados al estoicismo y la autoayuda que parafrasean a los autores clásicos de la filosofía. Lo que me hace pensar que si en la actualidad necesitamos de los escritos griegos de hace dos mil cuatrocientos años… es que algo de verdad tienen. Estos filósofos antiguos, lo que decían era algo así como que el ocio es lo que define a una persona. Cuando conocemos a alguien y le preguntamos a qué se dedica, lo normal es que nos diga la profesión que desempeña. En segundo lugar es posible que nos cuente sus aficiones. Por lo tanto, estamos equivocando el orden de nuestras prioridades. Ya desde aquella época se nos decía que la máxima realización de una persona se encuentra en el modo en el que ocupa su tiempo libre. Y la más alta de las ocupaciones es la vida contemplativa, no entendida como sentarse a mirar las estrellas, que también es interesante para nuestro recreo, sino observar y comprender el mundo que nos rodea. Por lo tanto, ocio y escuela (o aprender) quedan unidos. Entender un texto o aplicar bien una fórmula química puede causar tanto éxtasis como otros placeres físicos, sin ser actividades excluyentes.
También es importante con quién gastamos nuestro tiempo libre. Conforme nos hacemos mayores vamos apartando a la gente que nos arruina esos momentos en los que somos nosotros mismos. En los que realmente podemos ser de verdad. En el que hablamos, sin la prisa de la productividad, ni la mirada de la ambición con personas que nos aportan o nos hacen sentir bien.
Desde el colegio nos inculcan la competitividad. El saber más que el compañero para, en un futuro, tener mejor empleo. Se han olvidado de enseñarnos a ser felices…
Me declaro un seguidor de lo inútil y lo improductivo. Del dolce far niente, de pensar despacio para tranquilizar mis aspiraciones. De volver a la adolescencia y preguntarme porqué nos refugiamos en lo mundano para olvidar que mañana volveremos al estado anterior al nacimiento, esto es, de tener todos los días presente la muerte para poder disfrutar al máximo de estos momentos en los que somos libres: skholè
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