CUENTOS PARA LEER DOS VECES. La música me hace fuerte, por Pedro H. Martínez
“La música me hace fuerte. No, no… no debo decir eso. Mejor diré: la música es mi vida -hizo un gesto de disgusto-. Es pretencioso, la vida es demasiado importante como para equipararla a la música, y sobre todo, hablar de mi vida como si fuera la única que existe, aunque quizás sea eso lo que debo decir, que mi vida no es la única que existe y que la música forma parte de ella. Si, estoy convencido, empezaré así.
Soy un mar de dudas, lo reconozco. Maldita inseguridad… Inseguridad, es eso, solo eso, y más cuando te lo dicen los psicólogos: “el chico padece de inseguridad”, como si fuera fácil estar seguro en los días que corren. Nadie sabe con qué mala noticia nos despertaremos, y si no nos despertamos donde nos den malas noticias, nos agobiamos de no saber nada del mundo. Y entonces, otra veces me vuelvo inseguro, como si bajara la cabeza y subiera los hombros esperando que algo atronador suene.
La música, lo que debe de sonar es la música. No sé solfeo, tampoco me hace falta, no voy a componer nunca. Entonces… es una idiotez decir que la música es mi vida. Si fuera Beethoven o Bach, o Rufus Wainwright, o incluso si fuese un DJ de discoteca… pero no, trabajo en una gasolinera echando carburante, vendiendo chuches, mierdas para coches y dando información de cómo funciona la máquina de lavado. ¿Dónde queda la música en mi vida?
Tampoco puedo decir dónde queda el amor en mi vida, pero me siento amoroso, como el oso. Fíjate si soy estúpido que me río de mí mismo -hizo una mueca de sonrisa interior.
Pero… la música. No me la puedo quitar de la cabeza, quizás debería dedicarme a ella. Si, lo haré. Tengo que aprender. En unos añitos, me dedicaré solo a la música, sé que seré un gran compositor, o un cantante, o un productor, tendré mi propio estudio, millones de fans por todo el mundo, jet privado, los bancos me adularán, y es probable que tenga algún problema con Hacienda… Hacienda, no tengo edad para tener problemas con la agencia tributaria, me jubilaré pronto, así que mejor pensar en un retiro dorado, pero, ¿dónde? Me iría a los Emiratos, pero entre la calor y que mi pensión no me sea rentable allí, la verdad, creo que no es buena idea, y más con la que hay montada ahora. Reconozco que no entiendo qué pasa.
Mala noticia. No sé qué debo hacer, no entiendo de noticias, no entiendo de política, no entiendo de nada, todo me cuesta trabajo. Hace unos días vinieron los técnicos de seguridad laboral y me explicaron las medidas que debo aplicar en todo momento. No me acuerdo de ninguna. Mi padre me enseñó que cuando no entendiera algo, hiciera el gesto de asentir, y que dijera: si, si, si… Para parecer más listo de lo que soy… y lo hice, pero que no sé a qué lo dije, lo juro. No me gusta decir prometo, soy más de jurar, creo que queda como más serio. Ya nadie jura, yo sí. Estamos en una sociedad poco religiosa, parece que les da vergüenza decir que creen en Dios, pero luego cuando tienen una enfermedad grave o un hijo en el hospital, todos rezan… Yo no sé rezar, se me olvidó tras la comunión. Llevaba un traje de marinero… y no se nadar. Otra vez me estoy riendo de mí.
Cuando era joven, mis amigos fueron a la mili, yo no. Mi padre vino conmigo a la Caja de Reclutas, y presentó un papel, un sargento, mi padre me dijo que era un sargento, me miró y le dijo que nos podíamos marchar. Unas semanas más tarde recibí una carta que decía que había quedado excluido del servicio militar. Los militares no me dan miedo, me dan miedo las armas. Cuando voy a la feria, me alejo de los puestos con escopetas de balas de corcho. Los disparos, los estallidos, un globo que explote, me asusta. Reconozco que soy asustadizo, por eso cuando hay gente en una calle, paso por la acera de enfrente, o si veo peligro, aunque no exista, doy la vuelta a la calle. Soy capaz de quedarme fuera de casa horas si veo personas que no conozco en la puerta de mi casa.
Dice mi psicólogo que eso es normal. Que a todos nos pasa, pero yo no veo a la gente tan asustada como yo. Tampoco he oído que hayan pegado a nadie, ni robado, ni matado. Bueno, una vez oí… pero eso era muy lejos de casa, creo que ocurrió en el extranjero. Aquí no pasan esas cosas, pero ¿entonces por qué tengo tanto miedo?, eso le pregunté al doctor, y él me dijo que no era miedo, era inseguridad.
Claro, todo pasa por la inseguridad. La inseguridad y la música. Yo voy a ser músico. La música es mi vida. Aquí tengo tiempo para pensar qué quiero ser, qué me gusta, y a que me voy a dedicar, la música. Sí, cuando me pregunten diré: la música me hace fuerte…”

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