PASEO POR LA HUERTA, por Isabel María Abellán




Fue ayer un día cálido, como casi todos los de esta última Navidad. Cuando en pleno invierno amanece un día tan radiante tengo que salir a su encuentro. Me vestí mi pantalón de lycra y me fui a pasear con mi bicicleta por los caminos de la huerta; tortuosos, a punto de desaparecer. La ciudad crece. Ayer no sentí frío en las manos, ni en la cara. Como siempre, cerré un instante los ojos y sentí la misma sensación de libertad. El pedaleo suave, de vez en cuando gente que camina para hacer ejercicio. Alguien va corriendo. Lo saludo. A mi espalda escucho su respuesta.

Me voy internado en la huerta, el rumor de los coches se atenúa. De pronto lo veo. Ahí está, como otros días, en el tramo de camino que hay bajo el puente. Han vuelto a tirar botellas desde arriba. El hombre, de edad incierta, aparta los cristales rotos con el pie. Es corredor de fondo, me lo he cruzado en otras ocasiones. Intento adivinar su edad, pero no puedo, está delgado, fibroso, tiene el pelo blanco, pero parece muy fuerte.

Aminoro la marcha porque quiero decirle algo, paso junto a él y clava su mirada irritada en la mía. Bajo la cabeza y un día más continúo pedaleando.







Comentarios

  1. Me gusta mucho,Pilar.
    Es muy real y pasa a menudo.
    Tú t
    Y tu bicicleta.
    Sigue pedaleando merece la pena

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