CRONOPIOS. Fatales, muy fatales, por Rafael Hortal.












En este planeta tan real, tan duro, tan sorprendente, existen hombres y mujeres fatales. Observando sus características, seguro que reconoceréis a muchas personas con: encanto magnético, ambigüedad moral, poder sobre el deseo ajeno, que no siguen las normas sociales y actúan según sus propios intereses.

Con estas características sicológicas, muchos autores han creado personajes perversos en la literatura y en el cine. Me reuní (en la ficción) con Conchita Pérez para entrevistarla como personaje de la novela “La femme et le patin”, Pierre Louÿs, (1898). En España se publicó la novela con el título “La mujer y el pelele”, como homenaje al cuadro de Goya. Me causó sorpresa al descubrir a la femme fatale por antonomasia, así reflejé en mi libro “Encuentros. Personajes femeninos de la literatura erótica”.

La literatura y el cine nos muestran una gran cantidad de mujeres fatales, como las describe Valle Inclán en “La cara de Dios” (1900):

“La mujer fatal es la que se ve una vez y se recuerda siempre. Esas mujeres son desastres de los cuales quedan siempre vestigios en el cuerpo y en el alma. Hay hombres que se matan por ellas; otros que se extravían”.

La Conchita Pérez de la novela de Pierre Loüys, ha sido llevada al cine en varias ocasiones interpretada por: Conchita Montenegro en “La Femme et le Patin” (1928); Marlene Dietrich en “The Devil Is a Woman” (1935); Brigitte Bardot en “la Femme et le Patin” (1959); Maribel Verdú en “La mujer y el pelele” (1990). Pero es la película dirigida por Luis Buñuel “Ese oscuro objeto del deseo” (1977), donde por primera vez en la historia del cine, un papel lo representan dos actrices de forma indiscriminada: Carole Bouquet y Ángela Molina. No me refiero a casos donde cada actriz representa una edad del personaje, ni cuando dos actrices representan al personaje antes y después de un cambio de sexo, ni en las películas de ciencia ficción donde dos actrices representan a un personaje en otra dimensión espacio temporal. En este caso, Luis Buñuel, tuvo la genial idea de convertir al personaje en un objeto, ya no importaba si era más o menos bella, o más o menos malvada. Es el personaje masculino el que sufre una enajenación mental: no importaba el cuerpo de las actrices. Era una atracción del alma, de la esencia. De hecho, una mujer puede ser considerada femme fatale por un hombre, y otro no sentir ninguna atracción por ella. Buñuel fue el padre del surrealismo en el cine con “El perro andaluz” (1929) y “La edad de oro” (1930), tras sus etapas mexicana y francesa, decide darle una vuelta al surrealismo cinematográfico en su última película “Ese oscuro objeto del deseo” (1977). Las dos actrices se alternan en las escenas, incluso en una misma escena vemos a Ángela Molina y a Carol Bouquet, con continuidad de raccord, de forma que desconcierta al espectador, pero no así al protagonista masculino, Fernando Rey, que no percibe el cambio.






Buñuel y las dos actrices en el rodaje
de “Ese oscuro objeto del deseo”









Esta idea genial de Buñuel surge, según cuenta en sus memorias “Mi último suspiro”, como una broma tras unas cuantas copas de alcohol. Pero que no se quite méritos el señor Buñuel, muchos directores con una copa en la mano no habrían tenido ni la idea ni el valor de llevarla a cabo.

La clave de la relación de sumisión que cautiva al hombre nos la muestra Conchita cuando le dice:

“Si te diera todo lo que me pides, dejarías de quererme”.






Comentarios

Publicar un comentario