CLASE DE LENGUA Y LITERATURA. El latinismo “ex profeso”, por Santiago Delgado.



Hace poco perpetré la frase “exprofesamente”, y alguien, en privado y cortesía, me hizo ver el anatema filológico cometido. La frase “ex profeso” es ya adverbial, de por sí, y no necesita de sufijo adverbializador alguno. Sobraba el “mente”, de mi exabrupto filológico.

“Ex profeso” viene de ex professo, compuesto de ex (de o desde) y professo, del verbo latino deponente profiteri. Este verbo se conjuga en pasiva, pero tiene significado activo. Una contradicción más de la lengua, de cualquier lengua. Las lenguas obedecen a la lógica hasta que les da la gana. Luego no. Así en español tenemos al sustantivo “mano”, que es de género femenino, como indica el único articulo que tolera. A pesar de su aparente formante último que es de total apariencia masculina. Pero bueno, profiteri significa declarar, decidir. De manera que la expresión vendría a querer decir “desde su misma declaración de intenciones inicial…”, con perdón de la traducción “a mi manera”. Por tanto, decir: “eso se hizo exprofeso para la ocasión”, quiere decir que se hizo a propósito para la tal ocasión. Lo pueden escribir junto o separado. Y si se quieren dar el pegote culto, lo escriben en latín: “ex professo”, pero lo ponen en cursiva, porque es otro idioma.

Imagen que contiene hecho de madera, tabla, par, puesto

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Y eso: que el sufijo mente, aquí sobra como sobra que le echemos sal a la mojama. Ya es salada la mojama, ¿no?  No se puede hacer más adverbio a lo que ya es adverbio. Ni se puede hacer más rosa a lo que ya es rosa. “Así es la rosa”, que dijo Juan Ramón, aquel poeta. ¿Estamos en lo que es?

Hoy, ha sido una clase corta. Saquen sus libros y repasen la materia que decidan ustedes mismos. Los que no, procuren no alborotar mucho. Cuando suene el timbre, pueden salir, siempre ordenadamente. 

En las clases siguiente, continuaremos con los latinismos y su azarosa pervivencia en las lenguas romances. 


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