RELATOS DE UNA MOSCA. Del todo por España sin España, por Pedro H. Martínez
Las moscas no somos apátridas, no. Lo parecemos, pero también nos enfundamos la bufanda y la camiseta roja cuando gana España un mundial, sea de waterpolo, futbol femenino o ciclismo en carretera. Nosotras, las francesas no, claro. Por ello, reivindico el amor a una tierra, a pesar de amar al resto de lugares donde he viajado. Y es que cuanto más viajo, más me enamoro de los lugares que visito. Y como rueda de molino, cuanto más me enamoran los lugares visitados, más orgulloso estoy de donde vivo, donde he nacido y donde procuro siempre volver.
Digo todo esto, porque algunas moscas, y no pocas, cada vez más, viven en una polarización brutal. Dicen ser españolas, todo por España, pero sin embargo salen, de sus boquitas moscarderas, frases “jamás visitaré Cataluña”, “todos los vascos son iguales”, “los andaluces son unos gandules”, “los madrileños son unos centristas”, “los aragoneses unos cazurros”… hasta alguien me dijo, a la cara, “en Murcia solo hay podredumbre y miseria intelectual, ni de coña me atrae”.
Y en ese preciso instante, en el que te dicen lo que les acabo de escribir sobre tu tierra… uno que trata de admirar todo el territorio nacional e internacional, sacando siempre lo bueno de cada lugar… se te cruza un cable en mi diminuto y complejo cerebro, compuesto con alrededor de doscientas mil neuronas y millones de conexiones… y estallas. Estallas contra todos los que dicen ser más españoles que nadie, con pedigrí de cuna, teta y miras. Y son muchos, si, muchos. Y cada vez más. Esto me lo dijo una mosca racista, clasista y retrograda con nombre y apellidos, de pedigrí como he dicho. Y luego se enfada porque le llame lo que le llame. Corto me quedé. Incluso me insinuó la posibilidad de ponerme una denuncia por llamarlo “racista, clasista y retrogrado, analfabeto, imbécil de alta alcurnia y de salón de juegos recreativos, almirante de armada de los idiotas con cucuruchos de papel escrito, con galardones concedidos por sus moscas colegas que piensan y actúan como ella…”. Pienso que me quedé corto.
En estos momentos es cuando sale la verdad de este tipo de moscas despiadadas, “todo por España pero sin España”. No quieren a nadie salvo a ellos mismos. En los basureros si hay una botella de cava con olor y sabor exquisito, no liban por sus santas antenas, el desprecio hacia lo que no sea de dónde ellas son es de tal calibre que desdeñan, odian, malquieren y tienen malos pensamientos contra ellos.
Pero lo jodido es enfrentar a moscas murcianas, que haberlas hay, que piensan igual, con moscas madrileñas… las últimas no pueden ver a las primeras pero lo que no se menciona no existe por lo que abren un frente común con gallegas, asturianas, vascas o catalanas. Si juntas a moscas de la cornisa cantábrica, odian a las andaluzas y las levantinas, las levantinas dicen que no son murcianas, y así… Eso sí, a las moscas de Extremadura nadie las nombra, no existen. Les da pereza.
Con ese panorama, alimentado cada día en televisión y radio, Instagram, tiktok y otras redes sociales, nos encontramos un panorama difícil de apaciguar.
Y yo me hago una pregunta, sé que solo soy una mosca murciana, pequeña, probablemente aún en formación: ¿quién se beneficia de toda esta polarización?, ¿quién gana?, ¿qué hay detrás de todo ello?, ¿se ha creado esta situación de manera artificial?, ¿se alimenta el odio?, ¿somos realmente así, tan polarizados?, o ¿nos están idiotizando para que sigamos un patrón de comportamiento?
Hay muchas más preguntas, yo solo diré que no cuenten conmigo para estas disputas estúpidas, decepcionado por no hacer frente común a lo que se nos avecina. Solo diré como decía el Escobar, si, Manolo… “entre flores, fandanguillos y alegrías…” Que belleza hay en todas partes.
Y es que yo… yo solo soy una mosca.

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