Las moscas no somos apátridas, no. Lo parecemos, pero también nos enfundamos la bufanda y la camiseta roja cuando gana España un mundial, sea de waterpolo, futbol femenino o ciclismo en carretera. Nosotras, las francesas no, claro. Por ello, reivindico el amor a una tierra, a pesar de amar al resto de lugares donde he viajado. Y es que cuanto más viajo, más me enamoro de los lugares que visito. Y como rueda de molino, cuanto más me enamoran los lugares visitados, más orgulloso estoy de donde vivo, donde he nacido y donde procuro siempre volver. Digo todo esto, porque algunas moscas, y no pocas, cada vez más, viven en una polarización brutal. Dicen ser españolas, todo por España, pero sin embargo salen, de sus boquitas moscarderas, frases “jamás visitaré Cataluña”, “todos los vascos son iguales”, “los andaluces son unos gandules”, “los madrileños son unos centristas”, “los aragoneses unos cazurros”… hasta alguien me dijo, a la cara, “en Murcia solo hay podredumbre y miseria intelectual,...